11 de enero de 2022

En 2021 disminuyó el número de periodistas asesinados en el mundo

La Federación Internacional de Periodistas (FIP), publicó a finales del mes de diciembre su informe anual sobre la profesión periodística en el mundo, donde destaca el dato de la reducción del número de profesionales asesinados a lo largo de 2021 que llegó a los 45, frente a los 65 del año anterior.

Estos periodistas muertos lo fueron bien asesinados de manera selectiva, por fuego cruzado o como consecuencia de bombardeos en zonas de guerra. Según la FIP, desde 1991 han sido asesinados en todo el mundo 2.721 periodistas.

Por áreas geográficas, la de Asia-Pacífico es la que destaca con 20 muertos, seguida por América con 10, África 8, Europa 6 y Oriente Medio 1.

Por su parte, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ha señalado que la impunidad de los crímenes cometidos contra periodistas sigue siendo muy alta, porque el 87% de los asesinatos acaecidos desde 2006 está todavía sin resolver.

En este sentido, Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, ha señalado que «una vez más, en 2021, demasiados periodistas pagaron el precio máximo por sacar a la luz la verdad. El mundo necesita más que nunca información independiente y objetiva. Debemos hacer más para garantizar que quienes trabajan incansablemente para proporcionarla puedan hacerlo sin miedo».

Un año más los periodistas han sido asesinados para acallar sus denuncias de corrupción, las actuaciones del crimen organizado, el abuso de poder o la violación de los derechos humanos. Eran testigos incomodos que había que eliminar porque, hoy en día, ejercer el periodismo de manera libre e independiente sigue siendo en muchos lugares del mundo una profesión de alto riesgo.

El ejercicio del periodismo libre es imprescindible para que los grandes poderes políticos, económicos o de cualquier otra naturaleza no pisoteen los derechos y libertades de los ciudadanos. El periodista independiente es el encargado de vigilarlos, fiscalizarlos y criticarlos por lo que muchas veces esos poderes usan la fuerza o la violencia para amedrentar a la prensa. Tributo que muchas veces los periodistas pagan con su propia vida.