16 de febrero de 2021

No sacralicemos las redes sociales

Las redes sociales está claro que son una herramienta empresarial útil para compañías y organizaciones, especialmente en áreas como el marketing y la comunicación, donde juegan un papel destacado a la hora de posicionar marcas y productos a través de una comunicación multidireccional y establecer un nuevo y ágil canal de comunicación con los públicos objetivos de una empresa y también con la sociedad en general. Es una herramienta que está aquí para quedarse y que bien aprovechada y gestionada puede aportar grandes beneficios desde el punto de vista de la imagen y la reputación.

Pero como todo, también tienen su lado oscuro, entre los que queremos destacar dos. Por un lado, su controvertida fiabilidad como medio de información y, por tanto, como fuente de noticias que debe hacer a personas y empresas analizar y valorar detenidamente las informaciones y noticias que corren por las redes para evitar dar por cierta una noticia que en realidad es falsa.

Esto es una cosa importante a tener en cuenta por las compañías, ya que muchas de ellas tienen un respeto casi reverencial a las redes y a lo que de ellas pueda aparecer en las mismas.

En este sentido y con motivo de la situación política, económica y social que viven muchos países, sobre todo occidentales, están a la orden del día las llamadas fake news o noticias falsas que cada vez más invaden las redes sociales con el objetivo de atacar gobiernos, dañar la imagen de empresas o personas y provocar corrientes de opinión en favor o en contra de determinados intereses. Desde fotos trucadas a vídeomontajes, pasando por noticias de sucesos nunca acaecidos, etc. Todo esto se ha convertido en un lastre para la credibilidad de redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter.

Lo mismo que el papel de censores que han adoptado en los últimos tiempos gran parte de las redes sociales, sobre todo las tres mencionadas anteriormente. Si bien es verdad que son plataformas privadas, no parece lo más democrático y respetuoso con la libertad de expresión y de información de la que presumen sus propietarios, que se arroguen unilateralmente la decisión sobre qué se puede o no publicar en ellas, según su particular y parcial criterio con el pretexto de que «incitan al odio» o son «noticias falsas».

Estos «guardias de la verdad» guiados más por la estupidez de lo políticamente correcto y por determinadas corrientes ideológicas de opinión, deberían saber que, en una democracia, son solo los jueces y los tribunales los que determinan que es un delito y no un particular por muy poderoso y mucho dinero que tenga. Si lo hace, a lo mejor los ciudadanos deberíamos plantearnos el uso de estas plataformas y valorarlas en sus justos términos, siendo conscientes de que están mediatizadas por intereses particulares y económicos.

Esto parece que va calando entre los ciudadanos entre los que crecen las reservas sobre la fiabilidad de las redes sociales, lo mismo que sobre el peligro que suponen para nuestra vida privada sin que muchas veces los ciudadanos seamos consciente de la valiosa información que ofrecemos con la que comercian y se enriquecen obteniendo pingües beneficios.

Prueba de esto son algunos de los datos que se han dado a conocer las últimas semanas a través de una encuesta realizada por la consultora de investigación y comunicación GAD3 y la FundaciónAXA sobre las redes sociales como medio de comunicación, que ha dejado datos significativos.

Así, el 58,8% de los encuestados considera que son el medio que más noticias falsas publica, ya que para los ciudadanos las redes sociales no logran el aprobado en confianza, alcanzando un 4,9 sobre 10 en cuanto a credibilidad, frente a la radio y los periódicos que son los medios de comunicación más fiables, aunque pequen de ingenuos pues piensan que estos medios no difunden falsedades, mientras la televisión se queda en tercer puesto en lo que a fiabilidad se refiere.

Esto en lo que tiene que ver con la invasión de nuestra intimidad y libertad, según el profesor y escritor estadounidense Jonathan Taplin, en su libro «Move fast and break things» (Muévete rápido y rompe cosas), internet y sobre todo las redes sociales se han convertido en un peligro para la libertad de pensamiento, la intimidad, la prensa libre, el comercio y la democracia, como lo pone también de manifiesto un estudio de la Universidad de Cambridge, según el cual, los likes que damos en Facebook o Twitter, las páginas que visitamos o la compras que hacemos, permiten hacer un perfil personal con el 93% de acierto en cuanto a gustos, inclinaciones sexuales, aficiones, religión u orientación política de cada uno de nosotros. Es decir, una información valiosísima para cualquiera, especialmente para empresas y organismos públicos y privados.

Las redes sociales son un medio de comunicación valioso para la sociedad, aunque para la información veraz y la libertad, los ciudadanos debamos manejarnos en ellas con prevención para evitar convertirnos en sus víctimas.