"LOS PUEBLOS TIENEN EL GOBIERNO QUE SE MERECEN".
Gaspar Melchor de Jovellanos. Jurista, escritor y político ilustrado español (1744-1811)

3 de mayo de 2019

Incierto panorama político en España tras el 28-A


Tras las elecciones del pasado domingo el panorama político nacional lejos de definirse se complica, además parece confirmarse el fin, al menos a medio y largo plazo, del bipartidismo en beneficio de un multipartidismo que lejos de contribuir a aclarar el escenario político y social español trae todo lo contrario, es decir, incertidumbre.

Por la izquierda tenemos a un PSOE cada vez más alejado de la socialdemocracia y más cercano a los postulados de la extrema izquierda populista. Un partido socialista que gana unas elecciones generales después de 11 años cuando curiosamente a su líder, Pedro Sánchez, casi todos le habían dado por muerto y enterrado pero que ha resurgido cual ave fénix gracias a los errores del Partido Popular y de Podemos en sus respectivas áreas de actuación, y de una acertada estrategia que ha movilizado a sus votantes y a otros situados a la izquierda del espectro político nacional a los que ha importado más el supuesto peligro del regreso de la extrema derecha, que el acercamiento de Sánchez a los independentista o su visión sobre la unidad nacional o la defensa de la Constitución por mencionar algunos temas controvertidos de su gestión en estos últimos 10 meses.

Un PSOE que a pesar de ganar las elecciones no ha alcanzado el número de escaños necesario para gobernar en solitario con tranquilidad, que tendrá que continuar dependiendo de los independentistas como ya ocurrió tras la moción de censura, lo mismo que de los proetarras, los nacionalistas y sobre todo de la extrema izquierda representada por Podemos, que lógicamente no ofrecerá su apoyo gratuitamente o conformándose con bagatelas, pues de su apoyo a Sánchez depende la continuidad de los morados como partido con influencia y la propia supervivencia política de Pablo Iglesias.

En lo que a la formación morada se refiere, esta ha sufrido desde 2016 un fuerte desgaste de imagen y credibilidad por asuntos como el chalé, sus lazos con la dictadura comunista de Venezuela o su apoyo a la autodeterminación y al referéndum catalán, además de serios problemas internos por el comportamiento cesarista de su líder, lo que ha sido hábilmente rentabilizado por Sánchez para recuperar espacio por la izquierda que se ha traducido en la pérdida de 29 escaños para los de Iglesias, pero esa caída en la representación parlamentaria ha colocado paradójicamente a Podemos en una posición inmejorable para tocar poder. Si Pablo Iglesias negocia acertadamente las próximas semanas podrá situar a sus huestes en el gobierno que se forme.

Mientras en la derecha la lucha por el liderazgo es más encarnizada, consecuencia sobre todo de la aparición en escena de la extrema derecha populista representada por Vox, un partido sin programa real más allá de las consignas pero que ha pegado un buen zarpazo de votos al PP por el enfado de muchos de sus votantes, aunque se ha quedado muy lejos de las previsiones que tenía. Su irrupción no ha servido para ser una formación determinante y sí para disminuir el peso del Partido Popular. Ninguno de los dos tendrá posibilidades de bloqueo ni en el Congreso ni en el Senado en asuntos clave.

Una presencia la de Vox provocada también por la gestión de Mariano Rajoy en asuntos como la corrupción en el partido, la débil y tardía respuesta al independentismo catalán y su equivocada manera de salir del gobierno, donde prefirió entregar éste a Sánchez antes que dimitir y dar paso a otro líder popular lo que habría ahorrado a España los últimos 10 meses de inestabilidad política, dando además al PSOE la ventaja de acudir a unas elecciones instalado en la Moncloa. A todo esto, habría que añadir la actuación de Casado que, si bien no ha tenido tiempo para que sus cambios en el partido den frutos, su intento de rivalizar con Vox por la parte derecha de su electorado ha hecho que muchos votantes cabreados con el PP hayan optado por el original antes que por la copia en las elecciones del domingo. Las consecuencias de todo esto junto con la división del voto que la Ley D’Hondt castiga y mucho, ha llevado al por ahora partido líder de la Oposición a quedarse con solo 66 diputados, su peor resultado electoral. Resultado infame en el que también ha tenido mucho que ver Ciudadanos y su líder, Albert Rivera.

La formación naranja ha “robado” al PP 1,4 millones de votos resultado entre otras cosas de sus ataques al partido de Pablo Casado por su gestión en Cataluña y la corrupción, mientras intenta posicionarse como un partido de centro liberal a pesar de que hasta hace poco se declaraba “socialdemócrata”, a la vez que gobierna en coalición con el PP en Andalucía y el apoyo imprescindible de Vox del que a pesar de todo reniega. Al mismo tiempo Rivera fomenta el transfuguismo a diestra y siniestra lo que sin duda contribuye a su imagen de partido oportunista y sin una ideología definida por más que intente parecer de centro. Todo esto, junto a sus coqueteos con Sánchez en la legislatura pasada, sus posiciones sobre asuntos espinosos para su ala derecha como la eutanasia o la gestación subrogada, provocan dudas en su credibilidad y sus intenciones futuras y pueden ser la causa de que no consigan, aunque estén cerca, de dar el ansiado sorpasso al Partido Popular.

Si Pablo Casado no consigue mejorar los resultados en las elecciones del próximo día 26 de mayo, es muy posible que la formación naranja incremente sus ataques sobre el PP para intentar convertirse en el partido que pueda hacer frente al bloque de izquierdas liderado por el PSOE.

Todo esto ha dado como consecuencia unos resultados electorales en los que lejos de ganar la moderación como algunos defienden, ha ganado el radicalismo de izquierdas representado por el PSOE de Sánchez fuertemente ideologizado, cuyas muletas dentro o fuera del Ejecutivo serán sin duda la ultraizquierda populista del Podemos junto a independentistas como ERC, que ha mejorado sus resultados con respecto a las anteriores elecciones, lo mismo que la izquierda abertzale de Bildu, el PNV y otras formaciones de izquierdas y nacionalistas.

En definitiva, el resultado de las elecciones del pasado 28 de abril provoca una situación de incertidumbre e inestabilidad política que no beneficia al país en ningún sentido. Habrá que estar atentos.