"DONDE LA PRENSA ES LIBRE Y TODO HOMBRE ES CAPAZ DE LEER, TODO ESTÁ SALVADO"
Thomas Jefferson. Tercer Presidente de los Estados Unidos. (1743-1826)

23 de abril de 2018

Casa Real: la crisis autogenerada


La pasada Semana Santa, la Familia Real provocó involuntariamente una nueva crisis que afectó a la Institución por cuanto se vieron comportamientos inadecuados en los que las protagonistas fueron Su Majestad la Reina Doña Letizia y Su Majestad la Reina Madre Doña Sofía, que no emérita como insistente e incorrectamente se titula a los anteriores soberanos, que ocuparon tertulias, titulares y redes sociales durante bastantes días.

Crisis generada por unas imágenes en la puerta de la catedral de Palma de Mallorca, y aunque no es más que una tormenta en un vaso de agua por más que tertulianos de algunos medios pretendan convertirla en una crisis de la Monarquía, no es menos cierto que aunque lejos de la gravedad de la causada por el caso Nóos que, desde nuestro punto de vista tampoco fue debidamente tratada por Casa Real, es una situación que afecta a la extraordinaria labor que lleva a cabo Su Majestad Felipe VI desde que llegó al Trono.

Pero volviendo a la crisis de Palma, desde nuestro punto de vista esta es fruto de la acumulación de situaciones similares que no por menos llamativas o evidentes han ido conformando el escenario perfecto para lo ocurrido el domingo de Resurrección en la capital balear, consecuencia de no haber valorado los riesgos potenciales de crisis que determinadas situaciones o comportamientos pueden provocar.

Parece que el origen de esas crisis es recurrente, y está en la necesidad de definir claramente obligaciones, funciones y papeles de algunos miembros de la Familia Real y de la familia del Rey, en los que la Casa Real debe, desde nuestro punto de vista trabajar y prever escenarios, por cuanto la actividad y/o comportamiento de aquellos puede afectar o afecta a la Corona como institución y símbolo nacional, situándola bajo el foco mediático de manera innecesaria por asuntos realmente poco importantes.

Un ejemplo de esto es la cada vez más llamativa ausencia de Su Alteza Real Doña Leonor de actos institucionales en los que por ser la Princesa de Asturias y por tanto heredera al Trono, debería acudir cuando a su edad, su padre el Rey, era un avezado protagonista de esos actos institucionales. Estas ausencias, de persistir, no ayudan a la Corona y tampoco a ella por cuanto los ciudadanos quieren ver a su futura soberana de manera habitual. Sus ausencias públicas provocan rumores y bulos, vías perfectas generadoras de crisis. Hay un principio esencial en la gestión de la comunicación de crisis que dice que se confía en lo que se conoce, no en lo que se desconoce o ignora.

Otro punto débil son los comportamientos o declaraciones de miembros de la familia del Rey, como por ejemplo lo ocurrido con el hijo de la Infanta Doña Elena hace unos días en un AVE donde de regreso a Madrid desde Málaga, Felipe de Marichalar se enfrentó con unos militantes comunistas que, al reconocerlo, le provocaron al criticar duramente a las dos reinas por el suceso de Palma, lo que hizo que el joven saliera en defensa de su tía y de su abuela. Si bien se entiende su reacción, no es menos cierto que la misma no ayuda a la Institución. Desde luego si el suceso no ha ido a más ha sido porque los militantes comunistas no pudieron o supieron grabar el incidente con sus móviles para viralizarlo por las redes sociales.

Si por un lado se producen estas situaciones, tampoco ayudan las soluciones que se proponen o se ponen en práctica para contrarrestar sus efectos negativos, pues consiguen el efecto contrario. Nos referimos a la respuesta que desde Zarzuela se dio al incidente de Palma cuando pocos días después se volvió a ver juntas a Doña Letizia y Doña Sofía, a las que acompañaban Doña Leonor y su hermana la Infanta Doña Sofía.

El comportamiento que tuvieron a las puertas del hospital al que habían acudido para visitar al Rey Padre, convaleciente de una lesión de rodilla, para escenificar una supuesta reconciliación o naturalidad en las relaciones, lo que transmitió fue artificio y poca credibilidad.

Es cierto que, en situaciones de crisis, la respuesta debe ser rápida, pero ni precipitada, ni falseada. La imagen de Doña Letizia abriéndole la puerta del coche a su suegra, fue de todo, menos creíble. Desde la restauración de la Monarquía hace ahora 43 años, nunca una reina le ha abierto la puerta del coche a otra que puede y se vale para hacerlo. Lo mismo que las impostadas atenciones de Doña Leonor y su hermana con su abuela y de ésta con ellas. Desde nuestro punto de vista transmitieron montaje y artificio, cuando se podría haber recuperado la imagen de normalidad a través de otras actuaciones y actitudes, pero parece que en Casa Real se impuso la precipitación antes que una respuesta rápida, prudente y natural a la crisis autogenerada.