"La boca amable multiplica sus amigos; la lengua que habla bien multiplica las afabilidades"
Libro de Sirácides

16 de junio de 2014

Símbolos de la Proclamación de Felipe VI

El próximo 19 de junio España tiene una cita con la Historia en mayúsculas, en el Congreso de los Diputados cuando Don Felipe acuda al edificio de la Carrera de San Jerónimo a prestar solemne juramento como nuevo Rey de España con el nombre de Felipe VI.

En ese momento se desplegará o debería desplegarse toda la pompa y boato de la Monarquía, porque ésta además de libertad, democracia, continuidad, unidad y estabilidad, también significa historia y tradición y no se entendería una proclamación real sin el debido protocolo y la simbología monárquica correspondiente.

En este sentido por ejemplo, se han oído voces pidiendo que el futuro rey acuda vestido de calle, con chaqueta y corbata, aludiendo a una modernidad una vez más mal entendida de la Institución. El Rey de España por el hecho de serlo ejerce, según la Constitución, el mando supremo de las Fuerzas Armadas y por tanto, el vestir uniforme de capitán general no solo es acorde a la nueva responsabilidad, sino que también entronca con la más fiel tradición de todo monarca. No hay más que echar un vistazo a otras casas reales de nuestro entorno.

Por tradición también, el príncipe y futuro rey llevará en lugar bien visible otro símbolo de la Monarquía, el Toisón de Oro, la más importante orden dinástica del mundo, de la que Don Felipe pasará a ser Gran Maestre y que además, como ocurriera con los escudos de armas de sus antecesores, también lucirá en su guión real. Lo mismo ocurrirá con la banda de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, que Don Felipe lucirá en su uniforme.

Pero dos de los objetos que podremos ver son los símbolos por excelencia de la Monarquía: la corona y el cetro. La corona realizada en 1775, se ha utilizado en todas las ceremonias de proclamación desde Isabel II, como representación del régimen monárquico, si bien difiere de lo que la heráldica establece para la Corona de los Reyes de España. Así, ésta no es de oro, no tiene engastadas piedras preciosas, ni las diademas están cargadas de perlas. Es de plata sobredorada, tiene ocho florones, diseñados a modo de espejos lisos en los que aparecen las Armas de los Reinos de Castilla, León, Granada, Parma y Tirol y las Armas de los Borbones, la flor de lis.

Precisamente por ser representativa y simbólica tiene unas dimensiones excepcionalmente grandes, 18 cm. en el aro, 39 cm. de altura, 40 cm de diámetro y pesa casi un kilo. Las diademas son coronas de laurel, haces de palmas y espigas de trigo, que simbolizan la abundancia y el progreso. Todas las diademas están rematadas por el orbe con el ecuador del que emerge una cruz, simbología propia de los monarcas católicos.

Por lo que al cetro se refiere, éste es materialmente más rico que la corona y más antiguo, probablemente del reinado de Felipe IV, y está formado por un bastón de oro cilíndrico de 68 cm. revestido de filigrana de plata con esmaltes azules. Cada 20 centímetros luce un anillo de rubíes y lo termina una esfera de cristal de roca tallado en forma rombos.

Ambos objetos de valor histórico incalculable, los veremos el jueves colocados sobre un cojín porque de acuerdo al protocolo deben estar colocados en lugar bien visible y preferente, en todos aquellos actos especialmente solemnes relacionados con la Monarquía. Una vez más, asistiremos a una breve pero enriquecedora lección de historia.