"La prensa es una boca forzada a estar siempre abierta y a hablar siempre. Por eso, no es de extrañar que diga muchas más cosas de las necesarias, y que a veces divague y se desborde"
Alfred de Vigny, poeta, dramaturgo y novelista francés. (1797-1863)

25 de diciembre de 2013

Mensaje real sin distracciones

Un año más y ya van 38, Su Majestad el Rey se dirigió anoche a los españoles en el mensaje más cercano y directo de los que anualmente dirige a sus compatriotas, donde prima el interés de Don Juan Carlos por acercarse de un modo más personal a los temas que preocupan a los ciudadanos, aunque sea, como no puede ser de otro modo en una Monarquía Parlamentaria, un discurso que debe contar con el visto bueno del gobierno de turno.

Una vez más, tocó los principales asuntos que copan la agenda política y social, aunque como siempre aparecerán columnistas y políticos que buscarán denodadamente omisiones que según ellos el Rey haya hecho de manera más o menos intencionada.

Pero volviendo a lo que realmente interesa, el mensaje de Navidad del Rey se caracterizó por ser un discurso que reflejó el papel que nuestro ordenamiento constitucional le otorga a él y a la institución que representa, es decir, situado en la cúspide del mismo de acuerdo a sus funciones de moderador y árbitro, desde cuyo lugar alentar y promover el diálogo constructivo, la conjunción de intereses y la consecución de acuerdos entre las fuerzas políticas y sociales más representativas para conseguir el bien común de los españoles.

En este sentido, habló entre otros de los principales temas de interés, como la crisis económica y el paro que azota a nuestra nación. De la importancia que para mitigar sus efectos tiene la familia, al mismo tiempo que agradeció a pensionistas, autónomos, jóvenes, emprendedores, funcionarios, inmigrantes y pequeños y medianos empresarios, la labor y sacrificio que llevan cabo para entre todos salir adelante y acabar con el drama del paro que afecta a millones de personas.

No se olvidó una vez más de las víctimas del terrorismo en un año duro para ellas, lo mismo que hizo con las cuestiones referidas a la corrupción cuando habló de la necesidad de ejemplaridad de todos, y especialmente de los representantes políticos e institucionales en su actividad pública, para evitar el descrédito de instituciones y del sistema democrático.

En un año donde el nacionalismo independentista y excluyente pone al sistema nacido en 1978 en uno de sus momentos más difíciles, Don Juan Carlos resaltó y subrayó el innegable valor de la unidad de todos los españoles, que en su rica diversidad ha permitido conseguir los más altos estándares de prosperidad, política, económica y social de toda su historia a lo largo de las últimas décadas, a pesar de que ahora haya quienes como señaló, pretenden que “olvidemos o ignoremos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones”, lo que no es óbice como también resaltó, para que se puedan llevar a cabo aquellos cambios que nuestra sociedad requiera, pero siempre desde el máximo consenso y la máxima concordia.

Sí que es verdad que a pesar de recalcar y subrayar la importancia de la unidad de los españoles y de trabajar juntos, se ha echado de menos la expresión “unidad de España”, que en estos momentos se hace muy necesaria y desde luego no sobra.

Con el objetivo de acallar de una vez por todas, los rumores y comentarios muchas veces interesados sobre su hipotética abdicación, Su Majestad reiteró su compromiso y el de la Corona con España y los españoles al manifestar de manera clara y rotunda su “determinación de continuar estimulando la convivencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional de acuerdo con los principios y valores que han impulsado nuestro progreso como sociedad”.

En lo que a la imagen y escenografía del mensaje se refiere, hay que señalar que afortunadamente se recurrió a una puesta en escena sobria, despejada y muy institucional, tras una mesa de despacho situada en el Salón de Audiencias sobre la que únicamente había unos folios y un ejemplar de la Constitución de 1978 en clara referencia a la importancia clave que tiene la misma en la vida política, social y económica de España.

Tras Su Majestad, el jardín como símbolo de la salida hacia nuevos horizontes, el tradicional belén como no puede ser de otro modo en unas fechas como estas y las banderas de Europa y España mal colocadas, donde no se entiende porque se ha dado esa preeminencia al símbolo europeo en detrimento del nacional, y una fotografía de la reunión mantenida con las víctimas del terrorismo para resaltar por enésima vez el apoyo de la Corona a las mismas.

El Rey con un buen aspecto físico y una perfecta verbalización del discurso, vistió de manera sobria con la única nota de color de la corbata roja cuajada de pequeños tréboles del mismo color, que junto con un lenguaje gestual que se acentuaba cuando hablaba de temas como la unidad o la crisis económica, contribuyeron a subrayar y reforzar su mensaje navideño compuesto por 1.381 palabras y una duración de 11 minutos, donde se evitó también gracias a diferentes planos, distraer la atención de los espectadores de todo aquello que no fuera el contenido de las palabras de Su Majestad el Rey.