"La boca amable multiplica sus amigos; la lengua que habla bien multiplica las afabilidades"
Libro de Sirácides

5 de julio de 2013

La corona y el cetro, símbolos "ocultos" de la Monarquía española

Es evidente que en los últimos tiempos la Monarquía española no pasa por sus mejores momentos, consecuencia de sucesos y situaciones de todos conocidos, pero que han servido también para sacar a relucir el desconocimiento que tienen sobre la Institución, no solo la ciudadanía en general, sino también periodistas “expertos”, tertulianos a tiempo completo en toda clase de medios y por supuesto, representantes y responsables políticos que por su actividad deberían tener al menos cierto conocimiento sobre la Monarquía parlamentaria y todo lo que está relacionado con ella, para evitar quedar en evidencia cuando hablan de la Corona, las personas que la encarnan, su funcionamiento, sus símbolos, etc., porque al fin y al cabo es la forma política del Estado que libremente nos dimos los españoles a través de referéndum en 1978.

Ignorancia, consecuencia muchas veces de la falta de formación que sobre la Jefatura del Estado se da en la educación en contraposición a lo que ocurre en otros países de nuestro entorno, donde a los ciudadanos desde el colegio se les enseña y explica lo esencial de su forma de gobierno, su simbología y su funcionamiento. Aquí, si tras casi 40 años desde la restauración monárquica todavía se escuchan barbaridades sobre el papel constitucional del Rey, sobre los símbolos de la Corona mejor ni preguntar.

Sobre estos últimos, corona real y cetro, vamos a hablar aquí brevemente pues aunque parezca mentira son unos grandes desconocidos. Son atributos de la realeza pertenecientes a las colecciones de Patrimonio Nacional, pero que inexplicablemente permanecen ocultos a los ciudadanos. Éstos solo pueden verlos recurriendo a fotos o imágenes de archivo de la Proclamación de Don Juan Carlos como Rey en 1975, o en algún breve reportaje fotográfico, de televisión o foto, como la que acompaña a este artículo cedida por Patrimonio Nacional.

En la historia de nuestra Monarquía, hay escasos precedentes de coronación de un monarca, siendo Juan I de Castilla en el siglo XIV, el último rey coronado. Dicha ceremonia consistía en una primera etapa (reyes visigodos y del reino asturleonés), en la elevación del soberano sobre un pavés y su aclamación como rey por los dignatarios del reino y el pueblo. Con el paso de los siglos, esta costumbre se sustituyó por la proclamación ante las Cortes, como representación de la Nación y tras haber prestado juramento de obediencia y cumplimiento a las leyes, fueros o constituciones vigentes en cada momento.

Por ello, en España no ha habido una corona y un cetro específicos para una ceremonia de coronación como en otros países como Gran Bretaña, y sí unos símbolos monárquicos ceremoniales que desde hace varios siglos han acompañado a nuestros reyes en su ascenso al trono y en sus exequias.

En el caso español, la corona real procede del reinado de Carlos III y se utiliza como decimos en los actos de proclamación y en los funerales de los soberanos. Es el símbolo por excelencia de la Monarquía, el objeto que representa plenamente nuestro secular régimen político.

La corona realizada en 1775, se ha utilizado en todas las ceremonias de proclamación desde Isabel II, como representación del régimen monárquico español, si bien difiere de lo que la heráldica establece para la Corona de los Reyes de España. Así, ésta no es de oro, no tiene engastadas piedras preciosas, ni las diademas están cargadas de perlas. Es de plata sobredorada, tiene ocho florones, diseñados a modo de espejos lisos en los que aparecen las Armas de los Reinos de Castilla, León, Granada, Parma y Tirol y las Armas de los Borbones, la flor de lis.

Precisamente por ser representativa y simbólica tiene unas dimensiones excepcionalmente grandes, 18 cm. en el aro, 39 cm. de altura, 40 cm de diámetro y pesa casi un kilo. Las diademas son coronas de laurel, haces de palmas y espigas de trigo, que simbolizan la abundancia y el progreso. Todas las diademas están rematadas por el orbe con el ecuador del que emerge una cruz, simbología propia de los monarcas católicos.

En cuanto al cetro, éste es materialmente más rico que la corona y más antiguo, probablemente del reinado de Felipe IV y está formado por un bastón de oro cilíndrico de 68 cm. revestido de filigrana de plata con esmaltes azules. Cada 20 centímetros luce un anillo de rubíes y lo termina una esfera de cristal de roca tallado en forma rombos.

Corona y cetro formaron en su momento parte de un rico guardajoyas real que por avatares históricos se perdió. Principalmente en la Guerra de la Independencia donde el saqueo de los franceses en este terreno como en otros de nuestro patrimonio histórico-artístico, en los palacios reales, etc. fue devastador e incalculable. En el caso concreto de las joyas reales, reunidas y creadas por los Austrias y los Borbones a lo largo de los siglos y que habían vinculado a la Monarquía como patrimonio de la Nación, éstas desaparecieron casi por completo.

Las joyas y alhajas que desde 1808 han lucido los sucesivos Reyes de España, particularmente las soberanas, han sido propiedad particular de las mismas, mientras que los cuadros, tapices, vajillas, libros, mobiliarios y demás obras de arte que se salvaron del robo francés se conservan en los Reales Sitios bajo la protección y el cuidado de Patrimonio Nacional, organismo público que se encarga de custodiarlos como bienes de titularidad estatal, pero afectados al uso y servicio de Su Majestad el Rey y la Familia Real, así como de darlos a conocer a los ciudadanos.

En definitiva, corona y cetro que se utilizan en las grandes ceremonias reales pero que deberían poder ser contempladas por los ciudadanos, como lo son los de otras monarquías. Para ello, Patrimonio Nacional debería exhibirlos con carácter permanente bien en alguna sala del Palacio Real o en el futuro Museo de Colecciones Reales, y que podamos por fin, ver y conocer piezas que puede que no tengan un gran valor material, pero que son testigos de nuestra historia y que no deberían permanecer por más tiempo, ocultos a los ojos y conocimiento de los españoles.