"LOS BOLSILLOS DE LOS GOBERNANTES DEBEN SER DE CRISTAL"
Enrique Tierno Galván. Político, sociólogo, jurista y ensayista español. (1918-1986)

1 de marzo de 2013

El cónclave de la renuncia


La Sede Apostólica se encuentra vacante, tras la renuncia a las 20 horas de ayer de Su Santidad Benedicto XVI, que desde entonces está alojado en el Palacio de Castel Gandolfo, residencia de verano de los Papas cerca de Roma, hasta su ingreso en el convento Mater Ecclesiae en la Ciudad del Vaticano, dentro de dos meses.

Por tanto desde hace pocas horas, el Papado se encuentra en periodo de sede vacante y dentro del Vaticano, todo son preparativos para el próximo cónclave que deberá elegir al sucesor de Joseph Ratzinger, cuyo tratamiento será el de “Su Santidad Benedicto XVI Papa Emérito”, ya que no volverá a ser cardenal pues ese estado eclesiástico lo perdió en el momento de ceñir la tiara papal. Pasará también a ser obispo emérito de Roma. 

Por tanto, en los próximos días podremos volver a ver y disfrutar del riquísimo ceremonial vaticano, que el Papado imprime a cada uno de sus actos con una cuidada y simbólica liturgia que pone de manifiesto una tradición con más de dos mil años de antigüedad.

De acuerdo a la tradición y lo establecido por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, el cónclave se celebrará en la Capilla Sixtina que acogerá a los cardenales electores, los cuales se alojarán hasta la elección del nuevo Papa en la residencia Domus Sanctae Marthae construida ex profeso por Juan Pablo II para evitar a los cardenales las grandes incomodidades del encierro en la Sixtina.

El primer acto previo a la inmediata celebración del cónclave será la celebración por la mañana el día del comienzo de éste, de la misa “Pro eligendo Papa”. Por la tarde desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, los cardenales electores se dirigirán en procesión a la Capilla Sixtina entonando el Veni Creator para invocar la asistencia del Espíritu Santo.

Después harán juramento de guardar todo lo establecido para el cónclave por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, y el Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronunciará el “extra omnes” (todos fuera), para que todas las personas presentes ajenas al acto de elección papal abandonen la Capilla Sixtina que permanecerá cerrada hasta la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Así, aunque los miembros de Colegio Cardenalicio podrán abandonar cada día la Capilla Sixtina para descansar en la mencionada residencia, tanto ésta como aquella y las zonas destinadas a las celebraciones litúrgicas estarán totalmente cerradas a cualquier persona no autorizada, bajo la autoridad del Cardenal Camarlengo, ayudado por el Sustituto de la Secretaría de Estado, al mismo tiempo que se evitará que nadie se acerque a los cardenales electores durante sus traslados dentro del Vaticano.

Durante todo el tiempo que dure el cónclave, los cardenales tendrán prohibido mantener correspondencia epistolar, telefónica o por cualquier otro medio de comunicación con el exterior, así como con personas ajenas al entorno de la elección papal. Por ello, para que los cardenales puedan satisfacer sus necesidades personales, estarán a su disposición el Secretario del Colegio Cardenalicio, el Maestro de la Celebraciones Litúrgicas Pontificias con dos Ceremonieros, dos religiosos de la Sacristía Pontificia y un eclesiástico elegido por el Cardenal Decano.

Todos ellos deberán prestar, antes del comienzo de la elección, juramento de guardar secreto de lo que en el recinto o recintos del cónclave acontezca bajo pena de excomunión automática. Entonces, ya podrá comenzar la elección.

Todos los días tendrán lugar cuatro votaciones, dos por la mañana y dos por la tarde. Una vez que fue abolida la elección por aclamación, por inspiración o por compromiso, serán necesarios dos tercios de votos sobre el total de cardenales presentes para que salga el elegido, en principio y para esta ocasión 78 votos.

Tras cada votación fallida se quemará paja húmeda que generará el humo negro que saldrá por la chimenea de la Capilla Sixtina hasta que se logre la elección y el humo sea blanco. En ese momento, el último de los Cardenales Diáconos llamará al aula de la elección al Secretario del Colegio de Cardenales y al Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias; después, el Cardenal Decano pedirá al elegido la aceptación del cargo con estas palabras “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice? Si la respuesta es positiva se le preguntará por el nombre elegido. Una vez hecho esto, el Maestro de Ceremonias, como notario levantará acta.

Después todos los cardenales se acercarán al nuevo Papa para expresarle su respeto y obediencia, tras lo cual el primero de los Cardenales Diáconos anunciará urbi et orbi, a la ciudad y al mundo, la elección del nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro con el tradicional “habemus papam”. El cónclave habrá terminado y un nuevo pontificado comenzará su andadura.