"La boca amable multiplica sus amigos; la lengua que habla bien multiplica las afabilidades"
Libro de Sirácides

13 de marzo de 2013

Francisco I sucesor de San Pedro inicia su pontificado


Dentro de unos días tendrá lugar la ceremonia de inicio de pontificado de Su Santidad Francisco I, elegido tras el cónclave de la renuncia que ha tenido lugar durante estas dos últimas jornadas en la Capilla Sixtina.

Hasta el pontificado de Pablo VI, los papas eran coronados con la triple tiara papal de la que se conservan una veintena de ejemplares en los museos vaticanos, triple corona que simboliza que su titular es Padre de Príncipes y Reyes, Gobernador del Mundo y Vicario de Jesucristo, pero fue el efímero Juan Pablo I quien en su ascensión al Trono de San Pedro en 1978, el año de los tres papas, anuló esta ceremonia sustituyéndola por una misa abierta al público y a la que son invitados jefes de Estado de todo el mundo.

Sus sucesores, el fallecido Juan Pablo II y el Papa Emérito, Benedicto XVI, tampoco iniciaron sus pontificados con la ceremonia de coronación, sino con una de inicio del ministerio petrino, por lo que es prácticamente seguro que el 266 sucesor del Apóstol Pedro tampoco se corone, pues esta ceremonia se considera que no responde ya a los tiempos en los que vivimos. Su supresión es símbolo del deseo de la Iglesia por modernizarse huyendo de la pomposidad y el lujo que acompañó a los Papas a través de los siglos, lo que no quiere decir que la Iglesia Católica renuncie al riquísimo protocolo papal.

Así, Su Santidad Francisco I, Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Patriarca de Occidente, Primado de Italia, Arzobispo de la Provincia de Roma y Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, comenzará su pontificado con una ceremonia pública en la Plaza de San Pedro a la que están invitados, reyes, presidentes, ministros, Cuerpo Diplomático, Colegio Cardenalicio y demás autoridades civiles y eclesiásticas.

La ceremonia, oficialmente denominada Misa solemne para marcar el comienzo del ministerio pastoral de Supremo Pontífice, sustituye a todo el antiguo rito de coronación por una misa que Benedicto XVI mantuvo de acuerdo a lo establecido por sus dos inmediatos predecesores, si bien incluyó un juramento simbólico de doce personas en sustitución del juramento de obediencia que los cardenales debían hacer durante la ceremonia.

El acto comenzará con una oración de Su Santidad junto a los cardenales frente a la Tumba de San Pedro, desde donde partirán en procesión hasta el exterior de la Basílica, al son de la Letanía de los Santos. Allí el Cardenal Camarlengo pondrá en la mano derecha de Francisco I el Anillo del Pescador, símbolo del Papado, como “pescador” de almas en referencia al antiguo oficio de San Pedro.

Después el Cardenal Protodiácono colocará sobre los hombros del nuevo pontífice el palio bendecido. Banda de lana blanca con seis cruces que rodea el cuello y dos bandas colgando una por detrás y otra por delante, que es signo de autoridad pastoral y de servicio al pueblo de Dios. Está tejido por monjas benedictinas con la lana de dos ovejas bendecidas en la festividad de San Pedro y San Pablo.

Al imponerle el palio o pallium, el Protodiácono dirá las siguientes palabras en latín “Bendito sea Dios que te ha escogido para ser pastor de la Iglesia Universal y que te ha vestido con la estola brillante de tu apostolado. Que reines gloriosamente a través de muchos años de luz terrenal hasta que, llamado por tu Señor, seas revestido con la estola de la inmortalidad en el Reino de los Cielos. Amén”.

Tras la misa, todos volverán al interior de la Basílica de San Pedro, donde frente al altar mayor, el Papa recibirá el saludo personal de las delegaciones asistentes, entre las que estarán los soberanos católicos, cuyas reinas por bula papal, pueden vestir de blanco ante el soberano pontífice. Una vez que finalice este acto, habrá comenzado oficialmente el pontificado de Su Santidad Francisco I.

1 de marzo de 2013

El cónclave de la renuncia


La Sede Apostólica se encuentra vacante, tras la renuncia a las 20 horas de ayer de Su Santidad Benedicto XVI, que desde entonces está alojado en el Palacio de Castel Gandolfo, residencia de verano de los Papas cerca de Roma, hasta su ingreso en el convento Mater Ecclesiae en la Ciudad del Vaticano, dentro de dos meses.

Por tanto desde hace pocas horas, el Papado se encuentra en periodo de sede vacante y dentro del Vaticano, todo son preparativos para el próximo cónclave que deberá elegir al sucesor de Joseph Ratzinger, cuyo tratamiento será el de “Su Santidad Benedicto XVI Papa Emérito”, ya que no volverá a ser cardenal pues ese estado eclesiástico lo perdió en el momento de ceñir la tiara papal. Pasará también a ser obispo emérito de Roma. 

Por tanto, en los próximos días podremos volver a ver y disfrutar del riquísimo ceremonial vaticano, que el Papado imprime a cada uno de sus actos con una cuidada y simbólica liturgia que pone de manifiesto una tradición con más de dos mil años de antigüedad.

De acuerdo a la tradición y lo establecido por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, el cónclave se celebrará en la Capilla Sixtina que acogerá a los cardenales electores, los cuales se alojarán hasta la elección del nuevo Papa en la residencia Domus Sanctae Marthae construida ex profeso por Juan Pablo II para evitar a los cardenales las grandes incomodidades del encierro en la Sixtina.

El primer acto previo a la inmediata celebración del cónclave será la celebración por la mañana el día del comienzo de éste, de la misa “Pro eligendo Papa”. Por la tarde desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, los cardenales electores se dirigirán en procesión a la Capilla Sixtina entonando el Veni Creator para invocar la asistencia del Espíritu Santo.

Después harán juramento de guardar todo lo establecido para el cónclave por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, y el Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronunciará el “extra omnes” (todos fuera), para que todas las personas presentes ajenas al acto de elección papal abandonen la Capilla Sixtina que permanecerá cerrada hasta la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Así, aunque los miembros de Colegio Cardenalicio podrán abandonar cada día la Capilla Sixtina para descansar en la mencionada residencia, tanto ésta como aquella y las zonas destinadas a las celebraciones litúrgicas estarán totalmente cerradas a cualquier persona no autorizada, bajo la autoridad del Cardenal Camarlengo, ayudado por el Sustituto de la Secretaría de Estado, al mismo tiempo que se evitará que nadie se acerque a los cardenales electores durante sus traslados dentro del Vaticano.

Durante todo el tiempo que dure el cónclave, los cardenales tendrán prohibido mantener correspondencia epistolar, telefónica o por cualquier otro medio de comunicación con el exterior, así como con personas ajenas al entorno de la elección papal. Por ello, para que los cardenales puedan satisfacer sus necesidades personales, estarán a su disposición el Secretario del Colegio Cardenalicio, el Maestro de la Celebraciones Litúrgicas Pontificias con dos Ceremonieros, dos religiosos de la Sacristía Pontificia y un eclesiástico elegido por el Cardenal Decano.

Todos ellos deberán prestar, antes del comienzo de la elección, juramento de guardar secreto de lo que en el recinto o recintos del cónclave acontezca bajo pena de excomunión automática. Entonces, ya podrá comenzar la elección.

Todos los días tendrán lugar cuatro votaciones, dos por la mañana y dos por la tarde. Una vez que fue abolida la elección por aclamación, por inspiración o por compromiso, serán necesarios dos tercios de votos sobre el total de cardenales presentes para que salga el elegido, en principio y para esta ocasión 78 votos.

Tras cada votación fallida se quemará paja húmeda que generará el humo negro que saldrá por la chimenea de la Capilla Sixtina hasta que se logre la elección y el humo sea blanco. En ese momento, el último de los Cardenales Diáconos llamará al aula de la elección al Secretario del Colegio de Cardenales y al Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias; después, el Cardenal Decano pedirá al elegido la aceptación del cargo con estas palabras “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice? Si la respuesta es positiva se le preguntará por el nombre elegido. Una vez hecho esto, el Maestro de Ceremonias, como notario levantará acta.

Después todos los cardenales se acercarán al nuevo Papa para expresarle su respeto y obediencia, tras lo cual el primero de los Cardenales Diáconos anunciará urbi et orbi, a la ciudad y al mundo, la elección del nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro con el tradicional “habemus papam”. El cónclave habrá terminado y un nuevo pontificado comenzará su andadura.