"La prensa es una boca forzada a estar siempre abierta y a hablar siempre. Por eso, no es de extrañar que diga muchas más cosas de las necesarias, y que a veces divague y se desborde"
Alfred de Vigny, poeta, dramaturgo y novelista francés. (1797-1863)

25 de diciembre de 2013

Mensaje real sin distracciones

Un año más y ya van 38, Su Majestad el Rey se dirigió anoche a los españoles en el mensaje más cercano y directo de los que anualmente dirige a sus compatriotas, donde prima el interés de Don Juan Carlos por acercarse de un modo más personal a los temas que preocupan a los ciudadanos, aunque sea, como no puede ser de otro modo en una Monarquía Parlamentaria, un discurso que debe contar con el visto bueno del gobierno de turno.

Una vez más, tocó los principales asuntos que copan la agenda política y social, aunque como siempre aparecerán columnistas y políticos que buscarán denodadamente omisiones que según ellos el Rey haya hecho de manera más o menos intencionada.

Pero volviendo a lo que realmente interesa, el mensaje de Navidad del Rey se caracterizó por ser un discurso que reflejó el papel que nuestro ordenamiento constitucional le otorga a él y a la institución que representa, es decir, situado en la cúspide del mismo de acuerdo a sus funciones de moderador y árbitro, desde cuyo lugar alentar y promover el diálogo constructivo, la conjunción de intereses y la consecución de acuerdos entre las fuerzas políticas y sociales más representativas para conseguir el bien común de los españoles.

En este sentido, habló entre otros de los principales temas de interés, como la crisis económica y el paro que azota a nuestra nación. De la importancia que para mitigar sus efectos tiene la familia, al mismo tiempo que agradeció a pensionistas, autónomos, jóvenes, emprendedores, funcionarios, inmigrantes y pequeños y medianos empresarios, la labor y sacrificio que llevan cabo para entre todos salir adelante y acabar con el drama del paro que afecta a millones de personas.

No se olvidó una vez más de las víctimas del terrorismo en un año duro para ellas, lo mismo que hizo con las cuestiones referidas a la corrupción cuando habló de la necesidad de ejemplaridad de todos, y especialmente de los representantes políticos e institucionales en su actividad pública, para evitar el descrédito de instituciones y del sistema democrático.

En un año donde el nacionalismo independentista y excluyente pone al sistema nacido en 1978 en uno de sus momentos más difíciles, Don Juan Carlos resaltó y subrayó el innegable valor de la unidad de todos los españoles, que en su rica diversidad ha permitido conseguir los más altos estándares de prosperidad, política, económica y social de toda su historia a lo largo de las últimas décadas, a pesar de que ahora haya quienes como señaló, pretenden que “olvidemos o ignoremos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones”, lo que no es óbice como también resaltó, para que se puedan llevar a cabo aquellos cambios que nuestra sociedad requiera, pero siempre desde el máximo consenso y la máxima concordia.

Sí que es verdad que a pesar de recalcar y subrayar la importancia de la unidad de los españoles y de trabajar juntos, se ha echado de menos la expresión “unidad de España”, que en estos momentos se hace muy necesaria y desde luego no sobra.

Con el objetivo de acallar de una vez por todas, los rumores y comentarios muchas veces interesados sobre su hipotética abdicación, Su Majestad reiteró su compromiso y el de la Corona con España y los españoles al manifestar de manera clara y rotunda su “determinación de continuar estimulando la convivencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional de acuerdo con los principios y valores que han impulsado nuestro progreso como sociedad”.

En lo que a la imagen y escenografía del mensaje se refiere, hay que señalar que afortunadamente se recurrió a una puesta en escena sobria, despejada y muy institucional, tras una mesa de despacho situada en el Salón de Audiencias sobre la que únicamente había unos folios y un ejemplar de la Constitución de 1978 en clara referencia a la importancia clave que tiene la misma en la vida política, social y económica de España.

Tras Su Majestad, el jardín como símbolo de la salida hacia nuevos horizontes, el tradicional belén como no puede ser de otro modo en unas fechas como estas y las banderas de Europa y España mal colocadas, donde no se entiende porque se ha dado esa preeminencia al símbolo europeo en detrimento del nacional, y una fotografía de la reunión mantenida con las víctimas del terrorismo para resaltar por enésima vez el apoyo de la Corona a las mismas.

El Rey con un buen aspecto físico y una perfecta verbalización del discurso, vistió de manera sobria con la única nota de color de la corbata roja cuajada de pequeños tréboles del mismo color, que junto con un lenguaje gestual que se acentuaba cuando hablaba de temas como la unidad o la crisis económica, contribuyeron a subrayar y reforzar su mensaje navideño compuesto por 1.381 palabras y una duración de 11 minutos, donde se evitó también gracias a diferentes planos, distraer la atención de los espectadores de todo aquello que no fuera el contenido de las palabras de Su Majestad el Rey.

19 de septiembre de 2013

Banderas: corrección política vs. realidad histórica

En los últimos meses rara es la semana que no hay algún suceso relacionado con la exhibición de banderas o símbolos calificados por algunos de preconstitucionales o anticonstitucionales, del que se hacen eco los medios de comunicación con gran revuelo en formaciones políticas de diferente signo ideológico. Un revuelo que responde en gran medida al desconocimiento sobre la historia de esas banderas y símbolos, a una manipulación política que se hace de ellas, a la doble moral imperante y a una corrección política que lleva a ver normal el lucimiento de unas y la criminalización de otras, todo ello alimentado también por medios de comunicación empeñados en mantener el error y la estupidez de lo políticamente correcto aunque choque con la realidad.

Así por ejemplo, nos encontramos con que un portavoz del PP invita al PSOE a expulsar a sus afiliados por lucir la bandera de la II República, en respuesta a las mismas peticiones de responsables del principal partido de la Oposición por la exhibición según ellos de banderas “preconstitucionales” o “anticonstitucionales” es decir, con el águila de San Juan, por parte de militantes del partido del Gobierno.

Pues bien, respecto a ésta última, la historia es clara les guste o no a políticos o periodistas. La bandera española con el águila de San Juan de los Reyes Católicos, aunque con alguna modificación añadida por el régimen franquista es cualquier cosa menos “preconstitucional” o “anticonstitucional”.

Es un error calificarla de ese modo, cuando esa bandera es la reconocida como la de España por el Artículo 4.1 de la Constitución, norma fundamental que precisamente en su ejemplar original de1978 sancionado por Su Majestad el Rey, lleva grabado ese escudo, también conocido por algunos de manera peyorativa como “el pollo”, precisamente por desconocimiento y prejuicios ideológicos.

Este documento, expuesto en el Congreso delos Diputados luce esas armas nacionales que estuvieron vigentes en nuestro país desde el Decreto del 2 de febrero de 1938, firmado por Franco y con modificaciones posteriores como la del 12 de octubre de 1945, hasta el Real Decreto 2.964, de 18 de diciembre de 1981. Es decir, tres años después de entrar en vigor la Constitución y, por tanto, plenamente constitucionales, aunque hayan sido sustituidas por las actuales que están basadas en las que se idearon para el Gobierno Provisional de 1868.

La bandera de España con el águila de San Juan no puede calificarse en ningún caso ni de “preconstitucional”, pues fue la oficial antes y después de la aprobación de la Constitución de 1978, ni mucho menos de “anticonstitucional” pues carecería de toda lógica que la Ley Fundamental luciera un escudo y recogiera una bandera que fueran contrarios a esa misma ley, pero la corrección política o más bien la estupidez de lo políticamente correcto lleva a unos por prejuicios ideológicos y muchos por seguidismo y desconocimiento, a denominar con esos calificativos equivocados una bandera y un escudo por haber estado vigentes durante el Franquismo, como si la bandera roja y gualda y el escudo del águila de San Juan hubieran tenido su origen en ese periodo histórico, como si los Reyes Católicos, Carlos III o el Real Decreto del 28 de mayo de 1785 no hubieran existido.

En cambio, sí serían claramente anticonstitucionales la bandera tricolor republicana y su escudo, la bandera comunista de la hoz y el martillo, lo mismo que la bandera falangista del yugo y las flechas entre otras, pues representan ideologías y regímenes totalitarios contrarios a lo que establece nuestra Constitución, que por ejemplo en su Artículo 1.3 establece la Monarquía Parlamentaria como forma política del Estado, lo que es totalmente contrario a lo que simboliza y significa la bandera tricolor, aunque decir esto y subrayar lo obvio, sea anatema y políticamente incorrecto.

Todo ello sin mencionar el Preámbulo de nuestra Carta Magna que habla del “Estado de derecho”, de “establecer una sociedad democrática avanzada” o de querer “la justicia, la libertad y la seguridad” para todos los españoles. Conceptos todos contrarios a lo que representan y significan históricamente banderas como la comunista o la falangista, claramente en este sentido anticonstitucionales, aunque la doble moral, la falacia y repetimos, la estupidez de lo políticamente correcto, siga otorgándole a la primera y otras afines, unos supuestos valores morales, éticos y democráticos, mientras a las ideológicamente contrarias, pero con el misma inspiración totalitaria, las condena al ostracismo, incluyendo entre éstas injustamente, a la bandera roja y gualda con el águila de San Juan.

Es hora de que los responsables políticos dejen de tergiversar la historia en lo que a las banderas se refiere y los periodistas y medios de comunicación de hacerles el juego, evitando así que las nuevas generaciones persistan en los errores de sus mayores y en el desconocimiento de la historia tal y como fue.

5 de julio de 2013

La corona y el cetro, símbolos "ocultos" de la Monarquía española

Es evidente que en los últimos tiempos la Monarquía española no pasa por sus mejores momentos, consecuencia de sucesos y situaciones de todos conocidos, pero que han servido también para sacar a relucir el desconocimiento que tienen sobre la Institución, no solo la ciudadanía en general, sino también periodistas “expertos”, tertulianos a tiempo completo en toda clase de medios y por supuesto, representantes y responsables políticos que por su actividad deberían tener al menos cierto conocimiento sobre la Monarquía parlamentaria y todo lo que está relacionado con ella, para evitar quedar en evidencia cuando hablan de la Corona, las personas que la encarnan, su funcionamiento, sus símbolos, etc., porque al fin y al cabo es la forma política del Estado que libremente nos dimos los españoles a través de referéndum en 1978.

Ignorancia, consecuencia muchas veces de la falta de formación que sobre la Jefatura del Estado se da en la educación en contraposición a lo que ocurre en otros países de nuestro entorno, donde a los ciudadanos desde el colegio se les enseña y explica lo esencial de su forma de gobierno, su simbología y su funcionamiento. Aquí, si tras casi 40 años desde la restauración monárquica todavía se escuchan barbaridades sobre el papel constitucional del Rey, sobre los símbolos de la Corona mejor ni preguntar.

Sobre estos últimos, corona real y cetro, vamos a hablar aquí brevemente pues aunque parezca mentira son unos grandes desconocidos. Son atributos de la realeza pertenecientes a las colecciones de Patrimonio Nacional, pero que inexplicablemente permanecen ocultos a los ciudadanos. Éstos solo pueden verlos recurriendo a fotos o imágenes de archivo de la Proclamación de Don Juan Carlos como Rey en 1975, o en algún breve reportaje fotográfico, de televisión o foto, como la que acompaña a este artículo cedida por Patrimonio Nacional.

En la historia de nuestra Monarquía, hay escasos precedentes de coronación de un monarca, siendo Juan I de Castilla en el siglo XIV, el último rey coronado. Dicha ceremonia consistía en una primera etapa (reyes visigodos y del reino asturleonés), en la elevación del soberano sobre un pavés y su aclamación como rey por los dignatarios del reino y el pueblo. Con el paso de los siglos, esta costumbre se sustituyó por la proclamación ante las Cortes, como representación de la Nación y tras haber prestado juramento de obediencia y cumplimiento a las leyes, fueros o constituciones vigentes en cada momento.

Por ello, en España no ha habido una corona y un cetro específicos para una ceremonia de coronación como en otros países como Gran Bretaña, y sí unos símbolos monárquicos ceremoniales que desde hace varios siglos han acompañado a nuestros reyes en su ascenso al trono y en sus exequias.

En el caso español, la corona real procede del reinado de Carlos III y se utiliza como decimos en los actos de proclamación y en los funerales de los soberanos. Es el símbolo por excelencia de la Monarquía, el objeto que representa plenamente nuestro secular régimen político.

La corona realizada en 1775, se ha utilizado en todas las ceremonias de proclamación desde Isabel II, como representación del régimen monárquico español, si bien difiere de lo que la heráldica establece para la Corona de los Reyes de España. Así, ésta no es de oro, no tiene engastadas piedras preciosas, ni las diademas están cargadas de perlas. Es de plata sobredorada, tiene ocho florones, diseñados a modo de espejos lisos en los que aparecen las Armas de los Reinos de Castilla, León, Granada, Parma y Tirol y las Armas de los Borbones, la flor de lis.

Precisamente por ser representativa y simbólica tiene unas dimensiones excepcionalmente grandes, 18 cm. en el aro, 39 cm. de altura, 40 cm de diámetro y pesa casi un kilo. Las diademas son coronas de laurel, haces de palmas y espigas de trigo, que simbolizan la abundancia y el progreso. Todas las diademas están rematadas por el orbe con el ecuador del que emerge una cruz, simbología propia de los monarcas católicos.

En cuanto al cetro, éste es materialmente más rico que la corona y más antiguo, probablemente del reinado de Felipe IV y está formado por un bastón de oro cilíndrico de 68 cm. revestido de filigrana de plata con esmaltes azules. Cada 20 centímetros luce un anillo de rubíes y lo termina una esfera de cristal de roca tallado en forma rombos.

Corona y cetro formaron en su momento parte de un rico guardajoyas real que por avatares históricos se perdió. Principalmente en la Guerra de la Independencia donde el saqueo de los franceses en este terreno como en otros de nuestro patrimonio histórico-artístico, en los palacios reales, etc. fue devastador e incalculable. En el caso concreto de las joyas reales, reunidas y creadas por los Austrias y los Borbones a lo largo de los siglos y que habían vinculado a la Monarquía como patrimonio de la Nación, éstas desaparecieron casi por completo.

Las joyas y alhajas que desde 1808 han lucido los sucesivos Reyes de España, particularmente las soberanas, han sido propiedad particular de las mismas, mientras que los cuadros, tapices, vajillas, libros, mobiliarios y demás obras de arte que se salvaron del robo francés se conservan en los Reales Sitios bajo la protección y el cuidado de Patrimonio Nacional, organismo público que se encarga de custodiarlos como bienes de titularidad estatal, pero afectados al uso y servicio de Su Majestad el Rey y la Familia Real, así como de darlos a conocer a los ciudadanos.

En definitiva, corona y cetro que se utilizan en las grandes ceremonias reales pero que deberían poder ser contempladas por los ciudadanos, como lo son los de otras monarquías. Para ello, Patrimonio Nacional debería exhibirlos con carácter permanente bien en alguna sala del Palacio Real o en el futuro Museo de Colecciones Reales, y que podamos por fin, ver y conocer piezas que puede que no tengan un gran valor material, pero que son testigos de nuestra historia y que no deberían permanecer por más tiempo, ocultos a los ojos y conocimiento de los españoles.

18 de abril de 2013

Personal PR: la reparación y recuperación de la reputación personal

La reparación y recuperación de la imagen y reputación personales es el objetivo de Personal PR, nuevo servicio de Triada Comunicación dirigido a altos ejecutivos, empresarios y responsables políticos e institucionales que por su actividad pueden verse involucrados en crisis consecuencia de supuestas malas prácticas profesionales, sanciones empresariales, intervenciones estatales o presuntos delitos. 

Últimamente es raro el día que no aparece en los medios, en las primeras páginas de los periódicos o en los noticiarios de radio y televisión, algún suceso que pone en cuestión la reputación de alguna persona con proyección pública. Situación que independientemente de la veracidad de esas informaciones y de las medidas empresariales, institucionales o legales que se establezcan para aclarar lo ocurrido, someten al afectado a una presión social y personal consecuencia de la inmisericorde presión mediática, la llamada “pena del telediario”, con el consiguiente desgaste en la imagen personal y reputación del afectado. 

Personal PR ofrece la posibilidad de contar con un plan diseñado por y para el interesado, orientado a gestionar la situación de crisis generada, al mismo tiempo que desarrolla estrategias de comunicación, gestión de estrés y comunicación emocional para implementar en tiempo y forma las medidas adecuadas, para una vez superada la crisis, iniciar una nueva etapa dedicada a la recuperación de la imagen, la reputación y la credibilidad personal dañadas. 

Se basa en una planificación estratégica detallada, así como en el diseño de herramientas orientadas a la gestión de las capacidades emocionales y habilidades sociales del interesado, a través de talleres de coaching personal, entre otros parámetros contemplados en este nuevo servicio de comunicación. 

De este modo, según señala Juan Marcos Vallejo, director de Triada Comunicación, “queremos contribuir a evitar situaciones injustas padecidas por algunos responsables políticos y empresariales, que tras dimitir o ser juzgados y salir airosos o absueltos, vieron arruinada su carrera política, profesional e incluso social”. 

Personal PR es un servicio totalmente personalizado, diseñado y gestionado por profesionales de la comunicación, especialmente del área de crisis, con una larga experiencia en diferentes sectores, para trabajar en la recuperación de la imagen y la reputación de aquellas personas que circunstancialmente se vean afectadas por situaciones difíciles, en las que su vida profesional y social estén comprometidas.

13 de marzo de 2013

Francisco I sucesor de San Pedro inicia su pontificado


Dentro de unos días tendrá lugar la ceremonia de inicio de pontificado de Su Santidad Francisco I, elegido tras el cónclave de la renuncia que ha tenido lugar durante estas dos últimas jornadas en la Capilla Sixtina.

Hasta el pontificado de Pablo VI, los papas eran coronados con la triple tiara papal de la que se conservan una veintena de ejemplares en los museos vaticanos, triple corona que simboliza que su titular es Padre de Príncipes y Reyes, Gobernador del Mundo y Vicario de Jesucristo, pero fue el efímero Juan Pablo I quien en su ascensión al Trono de San Pedro en 1978, el año de los tres papas, anuló esta ceremonia sustituyéndola por una misa abierta al público y a la que son invitados jefes de Estado de todo el mundo.

Sus sucesores, el fallecido Juan Pablo II y el Papa Emérito, Benedicto XVI, tampoco iniciaron sus pontificados con la ceremonia de coronación, sino con una de inicio del ministerio petrino, por lo que es prácticamente seguro que el 266 sucesor del Apóstol Pedro tampoco se corone, pues esta ceremonia se considera que no responde ya a los tiempos en los que vivimos. Su supresión es símbolo del deseo de la Iglesia por modernizarse huyendo de la pomposidad y el lujo que acompañó a los Papas a través de los siglos, lo que no quiere decir que la Iglesia Católica renuncie al riquísimo protocolo papal.

Así, Su Santidad Francisco I, Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Patriarca de Occidente, Primado de Italia, Arzobispo de la Provincia de Roma y Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, comenzará su pontificado con una ceremonia pública en la Plaza de San Pedro a la que están invitados, reyes, presidentes, ministros, Cuerpo Diplomático, Colegio Cardenalicio y demás autoridades civiles y eclesiásticas.

La ceremonia, oficialmente denominada Misa solemne para marcar el comienzo del ministerio pastoral de Supremo Pontífice, sustituye a todo el antiguo rito de coronación por una misa que Benedicto XVI mantuvo de acuerdo a lo establecido por sus dos inmediatos predecesores, si bien incluyó un juramento simbólico de doce personas en sustitución del juramento de obediencia que los cardenales debían hacer durante la ceremonia.

El acto comenzará con una oración de Su Santidad junto a los cardenales frente a la Tumba de San Pedro, desde donde partirán en procesión hasta el exterior de la Basílica, al son de la Letanía de los Santos. Allí el Cardenal Camarlengo pondrá en la mano derecha de Francisco I el Anillo del Pescador, símbolo del Papado, como “pescador” de almas en referencia al antiguo oficio de San Pedro.

Después el Cardenal Protodiácono colocará sobre los hombros del nuevo pontífice el palio bendecido. Banda de lana blanca con seis cruces que rodea el cuello y dos bandas colgando una por detrás y otra por delante, que es signo de autoridad pastoral y de servicio al pueblo de Dios. Está tejido por monjas benedictinas con la lana de dos ovejas bendecidas en la festividad de San Pedro y San Pablo.

Al imponerle el palio o pallium, el Protodiácono dirá las siguientes palabras en latín “Bendito sea Dios que te ha escogido para ser pastor de la Iglesia Universal y que te ha vestido con la estola brillante de tu apostolado. Que reines gloriosamente a través de muchos años de luz terrenal hasta que, llamado por tu Señor, seas revestido con la estola de la inmortalidad en el Reino de los Cielos. Amén”.

Tras la misa, todos volverán al interior de la Basílica de San Pedro, donde frente al altar mayor, el Papa recibirá el saludo personal de las delegaciones asistentes, entre las que estarán los soberanos católicos, cuyas reinas por bula papal, pueden vestir de blanco ante el soberano pontífice. Una vez que finalice este acto, habrá comenzado oficialmente el pontificado de Su Santidad Francisco I.

1 de marzo de 2013

El cónclave de la renuncia


La Sede Apostólica se encuentra vacante, tras la renuncia a las 20 horas de ayer de Su Santidad Benedicto XVI, que desde entonces está alojado en el Palacio de Castel Gandolfo, residencia de verano de los Papas cerca de Roma, hasta su ingreso en el convento Mater Ecclesiae en la Ciudad del Vaticano, dentro de dos meses.

Por tanto desde hace pocas horas, el Papado se encuentra en periodo de sede vacante y dentro del Vaticano, todo son preparativos para el próximo cónclave que deberá elegir al sucesor de Joseph Ratzinger, cuyo tratamiento será el de “Su Santidad Benedicto XVI Papa Emérito”, ya que no volverá a ser cardenal pues ese estado eclesiástico lo perdió en el momento de ceñir la tiara papal. Pasará también a ser obispo emérito de Roma. 

Por tanto, en los próximos días podremos volver a ver y disfrutar del riquísimo ceremonial vaticano, que el Papado imprime a cada uno de sus actos con una cuidada y simbólica liturgia que pone de manifiesto una tradición con más de dos mil años de antigüedad.

De acuerdo a la tradición y lo establecido por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, el cónclave se celebrará en la Capilla Sixtina que acogerá a los cardenales electores, los cuales se alojarán hasta la elección del nuevo Papa en la residencia Domus Sanctae Marthae construida ex profeso por Juan Pablo II para evitar a los cardenales las grandes incomodidades del encierro en la Sixtina.

El primer acto previo a la inmediata celebración del cónclave será la celebración por la mañana el día del comienzo de éste, de la misa “Pro eligendo Papa”. Por la tarde desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, los cardenales electores se dirigirán en procesión a la Capilla Sixtina entonando el Veni Creator para invocar la asistencia del Espíritu Santo.

Después harán juramento de guardar todo lo establecido para el cónclave por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, y el Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronunciará el “extra omnes” (todos fuera), para que todas las personas presentes ajenas al acto de elección papal abandonen la Capilla Sixtina que permanecerá cerrada hasta la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Así, aunque los miembros de Colegio Cardenalicio podrán abandonar cada día la Capilla Sixtina para descansar en la mencionada residencia, tanto ésta como aquella y las zonas destinadas a las celebraciones litúrgicas estarán totalmente cerradas a cualquier persona no autorizada, bajo la autoridad del Cardenal Camarlengo, ayudado por el Sustituto de la Secretaría de Estado, al mismo tiempo que se evitará que nadie se acerque a los cardenales electores durante sus traslados dentro del Vaticano.

Durante todo el tiempo que dure el cónclave, los cardenales tendrán prohibido mantener correspondencia epistolar, telefónica o por cualquier otro medio de comunicación con el exterior, así como con personas ajenas al entorno de la elección papal. Por ello, para que los cardenales puedan satisfacer sus necesidades personales, estarán a su disposición el Secretario del Colegio Cardenalicio, el Maestro de la Celebraciones Litúrgicas Pontificias con dos Ceremonieros, dos religiosos de la Sacristía Pontificia y un eclesiástico elegido por el Cardenal Decano.

Todos ellos deberán prestar, antes del comienzo de la elección, juramento de guardar secreto de lo que en el recinto o recintos del cónclave acontezca bajo pena de excomunión automática. Entonces, ya podrá comenzar la elección.

Todos los días tendrán lugar cuatro votaciones, dos por la mañana y dos por la tarde. Una vez que fue abolida la elección por aclamación, por inspiración o por compromiso, serán necesarios dos tercios de votos sobre el total de cardenales presentes para que salga el elegido, en principio y para esta ocasión 78 votos.

Tras cada votación fallida se quemará paja húmeda que generará el humo negro que saldrá por la chimenea de la Capilla Sixtina hasta que se logre la elección y el humo sea blanco. En ese momento, el último de los Cardenales Diáconos llamará al aula de la elección al Secretario del Colegio de Cardenales y al Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias; después, el Cardenal Decano pedirá al elegido la aceptación del cargo con estas palabras “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice? Si la respuesta es positiva se le preguntará por el nombre elegido. Una vez hecho esto, el Maestro de Ceremonias, como notario levantará acta.

Después todos los cardenales se acercarán al nuevo Papa para expresarle su respeto y obediencia, tras lo cual el primero de los Cardenales Diáconos anunciará urbi et orbi, a la ciudad y al mundo, la elección del nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro con el tradicional “habemus papam”. El cónclave habrá terminado y un nuevo pontificado comenzará su andadura.

19 de febrero de 2013

Jornada sobre comunicación de crisis y reputación



Bajo el título “Comunicación de crisis, la mejor aliada de la reputación”, tuvo lugar en Madrid una jornada destinada al intercambio de ideas y opiniones entre representantes del mundo empresarial y periodístico sobre la actitud de las empresas españolas a la hora de hacer frente a situaciones de crisis desde el punto de vista de la comunicación, así como su relación con los medios y los diferentes públicos.

En la jornada, celebrada el pasado 14 de febrero y organizada por Aleph Comunicación en colaboración con Triada Comunicación, el director de ésta última, Juan Marcos Vallejo, moderó la Mesa Redonda en la que participaron Carlos Venegas, responsable de Países y Complejos de Repsol, que en su ponencia habló sobre “La importancia de la comunicación de crisis en la gestión de la reputación corporativa de las grandes empresas”, Azucena Rojas, directora de Comunicación Institucional de Saint Gobain, que expuso “Cómo debe prepararse una compañía para afrontar situaciones de crisis” y Alicia G. Montano, periodista de TVE

En el acto también participaron Javier Larraz, socio director de Aleph, que presentó la jornada y Francisco Rosillo, director de la División de Comunicación de Crisis de la agencia, que hizo la introducción a la misma con la ponencia “La comunicación de crisis como clave de la gestión empresarial”.

Temas todos ellos que fueron del interés de los cerca de 70 directivos, responsables de comunicación y empresarios que siguieron las distintas exposiciones, así como el debate surgido en la Mesa Redonda alrededor de la visión que tienen los medios de comunicación españoles de las empresas a la hora de gestionar éstas sus crisis.

Las agencias españolas Triada Comunicación y Aleph Comunicación, firmaron el pasado 26 de noviembre, un acuerdo de colaboración estratégica para el desarrollo de proyectos encaminados al diseño e implementación de programas de gestión y formación para empresas en el área de la comunicación de crisis, donde ambas compañías tienen amplia experiencia.

El acuerdo, del que forma parte esta jornada, tiene como objetivo crear una oferta de servicios que dé respuesta a las necesidades de las empresas, organizaciones e instituciones en materia de comunicación de crisis, al mismo tiempo que pone a su disposición el asesoramiento y las herramientas necesarias para la gestión de crisis, que van desde el diseño de las mismas, hasta el asesoramiento permanente.

1 de febrero de 2013

Tomar la iniciativa en el "Caso Nóos"


La crisis generada por el denominado “Caso Nóos” o el tema Urdangarin, aumenta cada día (y lo que te rondaré, morena), sin que la Casa del Rey asuma la iniciativa para anticiparse a los diferentes escenarios que pueden abrirse en los próximos días, semanas y meses y al comportamiento de los distintos protagonistas.

Si hay un principio básico en la comunicación de crisis, es precisamente prever lo que puede pasar y anticiparse a los diversos acontecimientos que en el desarrollo de una crisis puedan darse, para así diseñar y planificar las estrategias de actuación y comunicación necesarias encaminadas a mitigar en la medida de lo posible, los efectos negativos que puedan dañar a la imagen y la reputación. Si esto es de aplicación elemental en cualquier empresa o institución, se convierte en vital si de lo que estamos hablando es de la Casa Real de España.

En este sentido, creo que la actuación de la Casa del Rey es manifiestamente mejorable, porque está yendo, al menos es lo que transmite, a remolque de los hechos. Reacciona con retraso en unos casos, mientras que en otros no valora el alcance de determinados gestos. Sólo así se puede entender por ejemplo, que hayan tardado meses en suprimir de la web oficial el perfil de Iñaki Urdangarin o permitirle que visite públicamente, acompañando a miembros de la Familia Real, a Su Majestad en el hospital tras la última operación de cadera, cuando esa visita podría haber tenido lugar perfectamente en Zarzuela, con carácter familiar y privado, para evitar aumentar innecesariamente el perfil de la crisis.

A esto se une que Urdangarin sigue ostentando el título de duque consorte de Palma de Mallorca y el tratamiento de excelencia, título y tratamiento a cuyo uso debería haber renunciado, lo mismo que el secretario de la Infantas, Carlos García Revenga, debería haber dimitido inmediatamente tras ser imputado por el juez. En ambos casos, dado que ellos no han tomado esas decisiones para preservar en la medida de lo posible la imagen de la Casa Real, debería ser ésta la que actuara, y si puede ser hoy mejor que mañana. No se entiende que se mantenga en el cargo al secretario hasta su declaración, o veamos a Urdangarin acudiendo a juicio como duque.

Estas serían algunas de las decisiones que habría que tomar, que aunque puedan ser dolorosas en el terreno personal, son importantes para transmitir responsabilidad en la gestión de la crisis.

Sólo con una previsión estratégica de las diferentes situaciones que pueden darse en el desarrollo de esta crisis, anticipándose en la medida de lo posible a los hechos y tomando algunas decisiones por duras que sean, se conseguirá salir airoso de esta situación. Porque la ciudadanía debe tener muy claro que una cosa son las presuntas actuaciones irregulares del Duque de Palma de Mallorca, y otra muy distinta, la actividad de la Corona que es pese a esta crisis la institución que mejor funciona y sirve a los españoles, con Su Majestad el Rey a la cabeza.

14 de enero de 2013

Comunicación de Crisis (II). Herramientas para gestionar la comunicación de crisis


La puesta en marcha de una política de comunicación corporativa es en sí misma, una manera de prepararse para gestionar potenciales crisis que puedan surgir a lo largo de la vida de una organización. Pero no basta, hay que contar con las herramientas adecuadas, adaptadas a las necesidades y el perfil de la empresa o entidad de que se trate para poder encarar con garantía de éxito esa gestión de la crisis.

Incomprensiblemente todavía hay compañías en nuestro país que no cuentan con estas herramientas, con lo que cometen un grave error que en la mayoría de los casos y ante situaciones críticas, les conducirá al fracaso en el supuesto de tener que hacer frente a momentos cruciales de su actividad.

Las principales herramientas para la gestión de una crisis son: la Auditoria de Vulnerabilidad, el Manual de Comunicación de Crisis y la Formación. Cada una de ellas diseñadas para momentos y aspectos específicos de la gestión de una crisis, y que pueden adaptarse perfectamente a los intereses y demandadas de la compañía que las utilizará.


Auditoría de Vulnerabilidad

La auditoría tiene una función esencial a la hora de detectar los puntos débiles de la empresa pues permite tipificar los riesgos, analizar las instalaciones, los procesos de producción, las estructuras organizativas y los sistemas de gestión. Gracias a ella, los expertos podemos conocer y examinar los antecedentes, si los hay, e identificar potenciales incidentes o sucesos, evaluar actitudes y discursos públicos, además de analizar las distintas percepciones de los públicos tanto internos como externos y saber el nivel de confianza que la sociedad tiene en la empresa.

La realización de la auditoria exige la participación en la misma de los responsables y directivos de la empresa, pues son ellos los que pueden aportar no solo el conocimiento sobre la organización, sino también la percepción personal que sobre ella tienen, por lo que una vez terminada la auditoria estaremos en disposición de elaborar el Manual de Crisis.


Manual de Comunicación de Crisis

El manual que es la base sobre la que se asentará toda la gestión de la comunicación en caso de que se produzca una situación difícil, debe ser elaborado por expertos en comunicación de crisis de la compañía o en su defecto por expertos externos de acreditada experiencia. En su elaboración participarán los diferentes departamentos y directivos de la compañía.

Este documento diseña y organiza la composición del gabinete de crisis y los procedimientos de actuación, además de aportar el argumentario destinado a medios de comunicación y líderes de opinión, que los responsables de la empresa deberán emplear a la hora de dirigirse a sus públicos en tiempo y forma, de manera adecuada, sin recurrir a la improvisación y siempre bajo los principios de seriedad, sensatez, sentido común, transparencia y responsabilidad.

El manual deberá tener en cuenta las características y especificidades de la compañía, así como las opiniones y experiencias de los directivos y responsables para que tengan el adecuado reflejo en el documento, que además servirá una vez pasada la crisis para testar la gestión de la misma, el papel de los responsables, los errores que puedan haberse cometido, etc.


Formación

Por último, aunque no menos importante está la herramienta de la Formación, cuyo objetivo es preparar a los responsables y directivos de la compañía en el manejo del manual, la organización y funcionamiento del gabinete de crisis, el perfecto conocimiento del argumentario y el entrenamiento de cara a la relación con los periodistas, los medios de comunicación y la opinión pública.

Gracias al diseño y puesta en marcha de programas de formación, los distintos responsables sabrán cómo deben actuar, potenciando el trabajo en grupo y su coordinación para enfrentar una situación difícil. Del mismo modo, la realización de simulacros con el objetivo de recrear en la medida de lo posible escenarios reales, hará que se puedan asimilar bien los conocimientos y engrasar la maquinaria empresarial de gestión de la comunicación para situaciones de crisis.

Si a todo esto unimos los recursos que las nuevas tecnologías nos ofrecen como son la denominada web 2.0, los diversos soportes tecnológicos y canales de comunicación, etc., dispondremos de excelentes herramientas cuyo uso nos permitirá hacer frente a una situación de crisis con seguridad y sólidas garantías de éxito.

5 de enero de 2013

Una oportunidad desaprovechada


El programa especial de TVE “La noche del Rey” con motivo del 75 cumpleaños de Su Majestad, fue a nuestro juicio una oportunidad perdida por parte de la Casa Real, aunque la intención era buena y a pesar de ello, el Monarca dejó algunos titulares que darán que hablar en los próximos días.

Ni la cadena, ni el entrevistador eran de la telebasura, por lo que nadie esperaba una encerrona, ni una entrevista dura o impertinente, porque lógicamente no era necesario hurgar en la herida o revolcarse en el lodo tocando temas espinosos por todos ya conocidos, para haber realizado una entrevista diferente, enriquecedora, aunque hoy más de uno decepcionado, la critique precisamente por la ausencia de cotilleos, “secretos” o contenidos propios de esos programas, argumentando que la Corona sigue teniendo trato preferencial, aunque lo que ellos demanden no sea precisamente información.

La entrevista que se había planteado como una conversación, un diálogo con naturalidad y calidez, se tornó en una carrera de preguntas en tan solo 23 minutos. Hermida, periodista donde los haya, preguntaba raudo y veloz a Don Juan Carlos, que respondía brevemente, casi sin tiempo para la reflexión, y así una tras otra hasta finalizar el programa.

Nada que ver con la entrevista que en 2000 le hizo Victoria Prego. En aquella ocasión el formato y el enfoque de la entrevista permitió al Rey y a la periodista mantener prácticamente un diálogo, que al telespectador le supo a conversación, donde el entrevistado se soltó para contar alguna que otra “confidencia” en un ambiente mucho más relajado que el encorsetado que pudimos ver anoche. Entendemos que Casa Real no quiera sorpresas en las comparecencias de Su Majestad o de otros miembros de la Familia Real, tal y como están los tiempos, pero se ha pasado en cuidado y prudencia en esta ocasión, impidiendo a Don Juan Carlos transmitir esa naturalidad que tanto gusta a los españoles.

A pesar de ello el Rey dio algunos titulares, como su dolor porque los jóvenes tengan salir de España para trabajar, su preocupación por actuaciones que “conllevan maximalismos y políticas rupturistas”, su deseo de que sea recordado como “el Rey que ha unido a todos los españoles y, con ellos, ha recuperado la democracia”, o la expresión “generación de la libertad” con la que definió al periodo de su reinado. Declaraciones recogidas por todos los medios de comunicación y de las que ya se han hecho eco algunos responsables políticos.

En lo que a otros aspectos de la entrevista se refiere, hay que decir que Jesús Hermida, con todo respeto a la institución que es dentro del periodismo español, gesticuló y habló en exceso. Por otro lado, abusó del tratamiento de “Majestad”, cuando habría quedado mejor usarlo al principio para después pasar al tratamiento de “Señor”.

En cuanto al escenario y la realización de televisión hay que decir que fue la correcta pues tanto los planos, como la colocación de los interlocutores fue la que correspondía a una entrevista realizada en Palacio, donde el protagonista era el Rey de España.

La Casa Real ha puesto en marcha una nueva estrategia de comunicación, pero tras lo visto ayer por la noche, todavía tiene que madurar para no desaprovechar oportunidades como esta entrevista, en la que estamos seguros que si hubieran dejado al Rey ser natural y cercano como es él, el resultado habría sido otro muy distinto. En definitiva, buena intención pero una oportunidad desaprovechada.