"Donde funciona un televisor hay alguien que no está leyendo"
John Irving, escritor estadounidense. (1942)

2 de junio de 2011

La gestión de una crisis no debe importar un pepino

Los pepinos vuelven a meter a España en una crisis alimentaria, y una vez más, la gestión adecuada de la misma ha brillado por su ausencia a todos los niveles de la Administración del Estado. Desde Moncloa a las consejerías autonómicas afectadas, pasando claro está, por los ministerios correspondientes.

Si bien es cierto que la situación es culpa de las irresponsables declaraciones de la consejera de Salud de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storcks, avaladas por la canciller Merkel sobre la supuesta españolidad de la contaminación de los pepinos por la bacteria E.coli, no es menos cierto que las autoridades españolas no han estado a la altura.

Una vez más se ha puesto de manifiesto lo grave que es no saber o no conocer los procesos de prevención y gestión de la comunicación en una crisis, donde es necesario contar con una buena base sobre la que poder asentar los procedimientos de actuación cuando se produce una situación como la que está afectando ya no sólo a los pepinos, sino a todo el sector hortofrutícola nacional.

No nos cansaremos de repetir que las crisis deben gestionarse mucho tiempo antes de que se produzcan, a través del diseño y la puesta en marcha de planes de gestión de crisis que cubran todos los ámbitos de interés e importancia, con lo que se evitará que pueda dañarse la imagen o reputación de una empresa o un país como es el caso, donde la marca “España”, esta ahora más que tocada.

Tanto los gobiernos de Felipe González como de José María Aznar, tenían peso y se movían con soltura por la intrincada maquinaria de la Administración europea. Los ministros de los distintos departamentos, estaban al cabo de la calle de los temas que podían afectar a los intereses nacionales y cuando algo sucedía contra los intereses de España, se ponían en marcha unos resortes y contactos que estaban listos y preparados. No olvidemos por ejemplo, la impagable labor de la ministra Loyola de Palacio, que llegó a convertirse en la peor pesadilla del comisario europeo de Agricultura, el austriaco Fischler, por la cuestión del aceite de oliva.

Nada que ver desgraciadamente con la situación que vivimos estos días. El Gobierno ha reaccionado tarde, sin capacidad para contrarrestar las declaraciones y acciones de Alemania. Nuestro país ni siquiera ha sido capaz de reaccionar con un contraanálisis que anulara los argumentos germanos que tanto daño están haciendo a nuestras exportaciones, a los que se ha unido ahora Francia pidiendo a los galos que no consuman productos españoles.

¿Funciona el lobby español en Bruselas? ¿Por qué no se ha realizado con anterioridad una campaña europea para promocionar los productos españoles que son de los más controlados y de mayor calidad de toda la Unión? Si como se ha demostrado, los pepinos españoles no son portadores de E.coli ¿por qué no se ha sido más rápido y contundente a la hora de desacreditar los argumentos alemanes? ¿Por qué España no ha puesto el foco de atención mediático en Alemania y más concretamente en Hamburgo, lugar donde está la infección? ¿Por qué el presidente del Gobierno todavía no ha comparecido públicamente para hablar sobre una crisis que cuesta a nuestro país más de 280 millones de euros a la semana?

En fin, preguntas y cuestiones sin responder que ponen de manifiesto la necesidad de estar prevenido y preparado para enfrentarse a situaciones de crisis. De lo contrario nos pasará como al Gobierno que una vez más ha sido pillado a contrapié.