"Donde funciona un televisor hay alguien que no está leyendo"
John Irving, escritor estadounidense. (1942)

8 de enero de 2010

Carme Chacón, mantenella y no enmendalla


La ministra de Defensa, Carme Chacón, es la personificación de la perseverancia en el error en lo que al protocolo se refiere. Un año más, y ya van dos, la ministra se ha puesto los pantalones para acudir a los actos de la Pascua Militar, que presidida por Sus Majestades los Reyes, se celebró el día 6 de este mes en el Palacio Real de Madrid.

Parece que la titular de Defensa disfruta al apartarse una y otra vez de la ortodoxia protocolaria, y su actitud queda más en evidencia ante el vestuario de otras invitadas civiles asistentes.

Los defensores de tan obstinada postura exponen que el vestuario de Chacón supone modernizar el protocolo y que estaba homologado o autorizado por la Casa Real, cuando deberían saber que la Casa del Rey por educación, tacto y respeto, no corrige la forma de vestir de sus invitados por muy desacertada que ésta sea, como ya sucedió con el jersey de Evo Morales o el descorbatado Cayo Lara. En cuanto a lo de la modernización, no pasa de ser una expresión más de lo “políticamente correcto”.

Carme Chacón volvió a equivocarse un año más por no cumplir con la etiqueta recomendada para la Pascua Militar, que establecía uniforme de gala, modalidad A, para los militares, y chaqué para los caballeros y vestido largo para las señoras, en el caso de los civiles.

De todos modos, este comportamiento parece responder más bien a que nuestro Gobierno no está muy interesado por el protocolo, considera que no es importante, o simplemente carece de conocimientos sobre él. De lo contrario no se entenderían decisiones como la supresión del tratamiento de excelencia a los miembros del Ejecutivo, la colocación arbitraria de las banderas en los actos organizados por Moncloa, la forma de saludar a los miembros de la Familia Real o el vestuario de algunos de sus miembros.

No nos extrañemos por tanto de que cada vez sea más difícil explicar la utilidad y necesidad del protocolo, si aquellos llamados a cumplirlo deciden ignorarlo. De continuar por este camino, dentro de poco lo raro será ver a alguien acudir y comportarse de manera correcta en un acto debidamente organizado.