"Donde funciona un televisor hay alguien que no está leyendo"
John Irving, escritor estadounidense. (1942)

28 de diciembre de 2009

Perfecta puesta en escena del Rey



El mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey estuvo rodeado este año de la expectación creada por la retransmisión por primera vez en la televisión vasca y por los supuestos cambios en decorados, planos e imágenes. Pues bien, en este sentido se quedó más o menos en lo de todos los años, aunque una vez más la Casa del Rey se lució, y nunca mejor dicho, en lo que a la preparación de la imagen y telegenia del mensaje se refiere.

Cómo sabemos, quien controla su espacio ante la cámara alcanza mejor sus objetivos a la hora de lanzar el mensaje. Mehrabian señala que aproximadamente el 55% de la parte de éste es gestual, de imagen, por lo que el Rey un año más alcanzó sin duda sus objetivos, con independencia del discurso.

El escenario, la indumentaria y los gestos acompañaron de manera perfecta al Monarca, que una Nochebuena más nos dirigió sus palabras a todos los españoles desde los salones del Palacio de la Zarzuela. Pero vayamos por partes y veamos cada uno de estos elementos.

Este año el decorado de tapices, maderas nobles y espacios cerrados de otras ediciones fue sustituido por un ambiente más funcional, menos palaciego que acompañó al discurso de Su Majestad sobre la crisis, la situación política general y el esfuerzo colectivo que los españoles debemos realizar para superar los graves momentos actuales.

Nada mejor para ello que la sala de audiencias de Palacio donde Don Juan Carlos recibe a lo largo del año a ciudadanos españoles de toda condición. Una sala con esos ventanales que pudimos ver tras él, por donde se colaban imágenes de los jardines de la residencia que transmitían la frescura de una naturaleza viva, que sin duda era una metáfora de la necesidad de nuevos aires políticos y del respeto por el medio ambiente en el año de la lucha contra el cambio climático.

La presencia un año más del tradicional árbol y belén, símbolos de la Navidad, eran la plasmación de conceptos culturales y religiosos que forman parte de la identidad cristiana europea y por tanto española, en unos momentos en los que parece que aumenta o se pretende promover cierto laicismo en las sociedades del Viejo Continente.

También el Soberano quiso hacer un guiño a Europa y a la próxima Presidencia Española de la Unión con la presencia, junto a la española, de la bandera de las doce estrellas, por cierto, colocada perfectamente al contrario de lo que suele ocurrir en los actos organizados en Moncloa, donde el protocolo aplicado a las banderas deja bastante que desear.

Otro “pequeño” detalle que acompañaba al Rey en primera fila, era la fotografía del Príncipe de Asturias el día de su jura de bandera, lo que dejaba traslucir el compromiso de la Corona con España, al mismo tiempo que subrayaba la continuidad dinástica de la Monarquía en la persona de Don Felipe.

Por último, el vestuario y los gestos completaron una perfecta puesta en escena. Don Juan Carlos además de vestir con traje oscuro, camisa blanca y significativa corbata verde, acompañó sus palabras con un rico lenguaje gestual de manos y rostro más elaborado que en otras ocasiones, lo que sin lugar a dudas le permitió poner mejor el acento en aquellas expresiones y conceptos en los que quería hacer especial hincapié, para una mejor comprensión de los destinatarios de sus palabras.

En definitiva, este año el Rey mejoró su dominio del espacio ante las cámaras y su mensaje navideño se enriqueció, gracias a una buena puesta en escena, lo que sin duda le permitió sintonizar con las inquietudes de los ciudadanos que siguieron su intervención a través de la televisión.