"Donde funciona un televisor hay alguien que no está leyendo"
John Irving, escritor estadounidense. (1942)

1 de abril de 2008

La preparación es la mejor improvisación


Durante las elecciones del pasado 9 de marzo hemos podido ver una vez más la extraordinaria importancia que tienen los medios de comunicación, de manera especial los audiovisuales, a la hora de transmitir mensajes e ideas en los que los candidatos de los partidos han intentado convencer a los ciudadanos de las bondades de sus políticas o propuestas.

Hemos oído y leído hasta la saciedad como preparaban los líderes políticos hasta el más mínimo detalle para no dejar nada a la improvisación, ya que es preciso en momentos cruciales para una formación política como es un periodo electoral, la proyección de liderazgo que es esencial para generar credibilidad y mejorar la percepción personal y del partido al que se representa.

Exactamente igual sucede en el mundo de la empresa, donde también es preciso ser un buen portavoz y donde son muchos los directivos, magníficos gestores, que sin embargo no comunican bien y son conscientes de esta limitación que se deja traslucir tanto en presentaciones profesionales ante auditorios más o menos numerosos, como ante las cámaras de televisión, en una entrevista o en un debate cuando se convierten en portavoces de su compañía.

Pero esa limitación a la hora de comunicar que en algunos casos es miedo escénico a hablar ante un auditorio o realizar una entrevista en radio o televisión, tiene fácil solución si uno adquiere los conocimientos y el entrenamiento adecuado de la mano de profesionales y expertos en este ámbito de las relaciones públicas.

Ese entrenamiento para un portavoz debe pasar en primer lugar, por marcar los objetivos que se deseen alcanzar a la hora de comparecer públicamente. Es muy importante tener definidos de manera clara los mensajes que se quieran lanzar, siempre adaptados al auditorio o a los públicos a los que uno se dirija. Deberán ser unos mensajes claros, capaces de llegar a todos y ser entendidos por todos, enfatizando en la medida de lo posible, la parte emocional de los mismos.

En segundo lugar está la parte correspondiente a la propia imagen, a la telegenia, pues uno se convierte en imagen de la empresa a la que pertenece. Los gestos, la voz o el vestuario que también forman parte del mensaje son muy importantes y deben cuidarse al máximo. Un vestuario que distraiga la atención del espectador o unos gestos que denoten tensión o agresividad pueden echar por tierra el objetivo propuesto, porque si importante es el contenido del mensaje, no lo es menos la forma de expresarlo.

Teniendo en cuenta estos aspectos, cualquier directivo puede encarar con resultados positivos una posible comparecencia ante los medios de comunicación, ser un buen portavoz de su compañía o salir airoso tras impartir una conferencia ante un auditorio más o menos numeroso o más o menos complicado, porque todo se reduce a tener una buena preparación y un intenso entrenamiento que al final darán excelentes resultados, ya que la mejor improvisación es la que está más preparada.