"La televisión nos proporciona temas sobre los que pensar, pero no nos deja tiempo para hacerlo"
Gilbert Cesbron, escritor francés. (1913-1979)

28 de abril de 2017

Televisión privada en España, un concepto equivocado

Con la llegada a España en 1990 de lo que conocemos como televisión privada, abandonamos el monopolio de la televisión oficial para poder acceder a una oferta más plural de nuevos canales que desgraciadamente con el paso de los años se ha ido empobreciendo, reduciéndose a un duopolio donde la pelea por la audiencia se ha hecho muy encarnizada, donde ya solo priman los ingresos publicitarios y el temido share, la sentencia de la audiencia que establece que programa o contenido debe desaparecer o cual debe seguir, con lo que la televisión privada se ha transformado en una televisión comercial pura y dura. El concepto ha cambiado.

Una denominación la de “comercial” mucho más adecuada para las actuales cadenas de televisión, pues el objetivo de éstas es exclusivamente la rentabilidad económica, olvidándose cada vez más de sus inicios, donde además del entretenimiento se apostaba por una línea editorial independiente y lo más objetiva posible.

Hay muchos ejemplos de esto que decimos, como los llamados “programas del corazón” y los de “información política” o “investigación”, que concitan en sus horarios de emisión una amplia atención por parte de una audiencia ávida de “información veraz” sobre “temas de interés” para el gran público.

Así, los programas del “corazón” son de los más rentables pues se articulan sobre unos bajos costes de producción y la creación/invención de contenidos tratados desde una perspectiva polémica, casi agresiva, de discusión sin más y, por supuesto, con muy poco rigor informativo por no decir que inexistente. Cuestiones sin transcendencia sobre personajes oportunistas sin importancia, que el espectador digiere cual comida basura en cantidades industriales pero con notable éxito de audiencia.

En cuanto a los segundos, los denominados de “información política” o de “investigación” se estructuran sobre contenidos también polémicos respecto a los cuales es seguro que la audiencia mostrará interés porque el contenido se radicaliza, si hay debate se lleva a la discusión más extremista, donde la opinión de los participantes es aceptada sin más, aunque haya sido expresada sin rigor alguno, con planteamientos básicos, demagogos o populistas y basados en una escasa información manifestada por “todólogos” en cuyo currículum suelen pesar más las invectivas, los gritos y las descalificaciones hacia el contrario, que una trayectoria académica, profesional o política seria.

Gracias a todo esto, el resultado obtenido se ve reflejado en unos altos niveles de audiencia que hacen rentable al programa y la cadena aunque para ello, la noticia, el hecho y muchas veces la verdad, pase a ser un asunto secundario cuando no anecdótico.

Es más, cuando a estos programas se invita a participar a algún “ingenuo” que acude con toda la buena intención de aportar una opinión o versión sobre el tema en cuestión, basada en información veraz u objetiva, esto se vuelve contra él pues lo que dice pasa a ser secundario. Para empezar eso no vende y además existe un acuerdo no escrito entre los colaboradores que participan en los programas y los responsables de éstos, en los que los primeros asumen papeles que benefician a ambos en el terreno profesional y personal y, por supuesto, a quienes rinden cuentas, es decir, a las empresas de televisión.

Desde hace ya tiempo los programas de política en general y de temas sociales en particular se han “salvamizado”, tienen la esencia de programas como “Sálvame”, que sin tocar los temas de la prensa rosa, tienen en cambio todos sus ingredientes: creación o invención de contenidos tratados con polémica, con agresividad y radicalismo, de discusión estéril y con nulo rigor. Tienen mucho éxito pero carecen de la mínima calidad, del mínimo rigor y de la mínima objetividad periodística, por no mencionar la ausencia de total credibilidad, por más que se anuncien como programas de debate político o social, de carácter independiente, plural y democrático, cuando todo eso no interesa porque no vende. Es la máxima audiencia, la máxima publicidad y por ende, la máxima rentabilidad económica lo realmente importante.

En definitiva, lo que se entiende como televisión privada en estos momentos en España como en otros países de nuestro entorno, no existe. En su lugar hay una televisión comercial consagrada única y exclusivamente a la rentabilidad económica sin tener en cuenta el rigor, la objetividad, la información veraz y la opinión que debería tener una televisión privada. El concepto ha cambiado.

27 de febrero de 2017

El protocolo, el gran olvidado de la comunicación política

El protocolo, esa disciplina esencial de costumbres, historia y normas que regula la disposición, tratamiento y ordenación de todos los elementos y actores de la vida social y política, está prácticamente ausente cuando no olvidado, de los contenidos formativos de seminarios, cursos, talleres, postgrados, etc. relativos a la comunicación política, asuntos públicos o lobby, con lo que esto supone de déficit formativo para los alumnos que asisten a los mismos.

Y esto es realmente grave, pues nos encontramos así con profesionales de la comunicación política, asesores y a los propios políticos con un importante desconocimiento en todo lo relativo al protocolo, en un campo donde a través de éste se transmiten mensajes de gran transcendencia, pues el protocolo y la política han ido siempre estrechamente unidos, desde los más importantes actos políticos como puede ser la Proclamación del Rey o la toma de posesión del Presidente del Gobierno, hasta la del más humilde alcalde, pasando por la inauguración de una escuela, la celebración de un acto público, la reunión con líderes ciudadanos, etc.

El protocolo es la liturgia del poder, por lo que no se entiende que esté relegado, cuando no ausente del currículo de centros universitarios o de los programas de formación de consultoras especializadas en comunicación política, toda vez que los alumnos y asistentes a dichos cursos o másteres deberán desarrollar en mayor o menor medida su actividad profesional en un ámbito donde el protocolo será necesario, sino imprescindible, ya que permite al político y su equipo de asesores conocer el lugar que le corresponde en un acto, situarse adecuadamente en una “foto de familia”, saber en qué orden intervenir a la hora de pronunciar un discurso, comprender como hay que recibir o despedir a una autoridad o la colocación correcta de banderas.

Con una formación adecuada en protocolo, evitaremos encontrarnos a políticos y miembros de sus equipos que no saben cómo dirigirse a una determinada autoridad, persona, institución u organización, que cometen errores en la preparación y organización de un acto, que no saben cómo vestirse para un determinado evento o reunión, o que desconocen todo lo relacionado con el funcionamiento de las diferentes instituciones del Estado y su historia, costumbres y ceremonial. Que ignoran lo relacionado con las precedencias, los símbolos y los tratamientos honoríficos, por no mencionar el protocolo en la Constitución de 1978, el protocolo con la Familia Real, el relacionado con los tres poderes del Estado o el protocolo en comunidades autónomas y ayuntamientos.

La actividad política exige cada vez más contar con una preparación adecuada que pasa, aunque algunos no lo vean, por conocer todo lo relativo al protocolo si se pretende que las relaciones políticas e institucionales sean fluidas y correctas. La formación multidisciplinar en comunicación política exige contar con el protocolo para que ésta sea completa y dé a los alumnos de estos cursos un valor estratégico y diferencial superior al que ahora tienen.

CharlesMaurice de Talleyrand, político y diplomático francés que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, dijo en una ocasión que “sólo los tontos se burlan del protocolo. Simplifica la vida”, frase que actualizada a día de hoy y referida a la comunicación política vendría a decir que sólo los tontos ignoran el protocolo y no lo estudian, perdiendo de este modo la oportunidad de poner en valor su actividad profesional y de posicionarse estratégicamente frente a sus adversarios políticos.

2 de enero de 2017

El periodismo, una profesión peligrosa en 2016

En el año que acaba de terminar, el periodismo volvió a ser desgraciadamente una profesión de alto riesgo, mortal en al menos 93 casos a juzgar por los datos dados a conocer por la Federación Internacional de Periodistas (FIP), cuyas estadísticas señalan que en 2016 esos fueron los periodistas y profesionales asesinados por llevar a cabo actividades relacionadas con su profesión, si bien es cierto que estos mismos datos negativos han disminuido con respecto a otros años.

En concreto, las cifras dadas a conocer por la FIP, la mayor organización de periodistas del mundo con cerca de 600.000 miembros pertenecientes a 140 países, indican que el año pasado los niveles de violencia hacia los profesionales de la información fueron muy altos en Afganistán, Guatemala, Irak, México, Yemen, India, Pakistán y Siria, si bien disminuyó el ensañamiento con la profesión periodística en Honduras, Libia, Filipinas y Sudán del Sur.

Según los datos de esta organización, el mundo árabe y Oriente Medio tienen el mayor número de periodistas asesinados con 30, seguidos por Asia-Pacífico con 28, Hispanoamérica con 24, África con 8 y Europa con 3.

Igualmente se han incrementado las amenazas, la intimidación y la autocensura ante el ejercicio de la libertad de expresión con el objetivo de acallar las voces que denuncian la violación de los derechos humanos, la vulneración de las leyes de guerra, genocidios, abusos de poder o corrupción, situaciones en las que el periodismo ejerce una función vital como único testigo con posibilidades de denunciarlas, lo que supone que los profesionales de la información se convierten en objetivo a eliminar o silenciar por todos aquellos poderes políticos y económicos que quieren imponer sus intereses conculcando los derechos y libertades de los ciudadanos.

En este sentido, Philippe Leruth, presidente de la FIP, señaló en la presentación del informe que “estos niveles de violencia con los medios de comunicación deberían estimular la acción de todos aquellos comprometidos con la protección de los periodistas. La FIP y sus afiliados en todo el mundo redoblarán sus esfuerzos para movilizarse para eliminar la sombra de la violencia sobre el periodismo”.

Una vez más, con los asesinatos, presiones y amenazas sobre periodistas y medios de comunicación, se demuestra el papel esencial que juegan éstos como testigos incómodos de poderes nocivos y corruptos que desean acabar con cualquiera que pueda denunciar sus perversas actuaciones. Sólo una prensa libre y un verdadero profesional de la información pueden desde la independencia mantenerse fieles a la verdad, denunciar cualquier abuso, garantizar el pluralismo y fiscalizar a gobiernos y poderes políticos y económicos, sirviendo a los intereses de la sociedad y de la democracia, informando y creando opinión entre los ciudadanos libres y permitiendo como dijo el periodista norteamericano Edward R. Murrow "el derecho a disentir -o, si lo prefieren, el derecho a equivocarse- que es sin duda fundamental para la existencia de una sociedad democrática. Es el primer derecho que ha desaparecido en todas las naciones que se han encaminado hacia el totalitarismo".

24 de abril de 2016

Por la regulación del lobby

Cuando en el siglo XVII en la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico comenzó a conformarse lo que con el paso del tiempo pasaría a denominarse “lobby”, nacía una forma de relaciones con la Administración gracias a la cual empresas, patronales y organizaciones sociales de toda índole pueden conseguir políticas favorables a sus legítimos intereses, a través de un acceso directo a los representantes de las administraciones públicas y del poder político, al mismo tiempo que participar en procesos legislativos y administrativos.

Esta actividad totalmente licita y útil en las democracias avanzadas, es en los países de nuestro entorno una actividad empresarial cada vez más implantada que permite a las compañías, organizaciones empresariales y colectivos sociales, formular propuestas de interés colectivo sectorial a los poderes ejecutivo y legislativo de una manera regulada.

Así, por ejemplo, mientras en Europa o Estados Unidos el lobby está sólidamente implantado y ejercido por profesionales especializados en comunicación política o empresarial y donde en Bruselas hay al menos 30.000 profesionales del lobby registrados, en España poco más de un tercio de las empresas del IBEX 35 cuentan con este tipo de profesionales destacados en la capital del UE.

Eso por no hablar de la práctica inexistencia de regulación de lobby en nuestro país, donde cada vez es más imperiosa la necesidad de articular y regular su funcionamiento pues las normas nacionales, pero especialmente las europeas atañen cada vez más a todos los aspectos de las empresas nacionales y multinacionales de sectores tan diversos como el químico, farmacéutico, tecnológico, de la información, agrícola, zoosanitario, de transportes o energético.

Por todo ello es preciso que hoy mejor que mañana, el Parlamento regule su funcionamiento para que tanto las empresas como los ciudadanos puedan conocer con luz y taquígrafos las decisiones que les afectan, así como a las personas que influyen en los legisladores a la hora de la elaboración de las leyes por las que luego nos regiremos.

Todo lo que no sea apostar por la claridad, la información y la transparencia contribuirá a debilitar la credibilidad de los ciudadanos en las instituciones democráticas y en sus representantes, por lo que es muy positivo que organismos como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), haya puesto en marcha un registro voluntario a nivel nacional para que los ciudadanos sepan la relación que tienen los lobbies o grupos de presión con la Comisión.

Igualmente y a la espera de una legislación a nivel nacional, algunas comunidades autónomas como Cataluña, Madrid, Castilla-La Mancha o Aragón ya están moviéndose para establecer unos primeros registros voluntarios para que todos aquellos lobbies y profesionales de las mismas puedan inscribirse, pues son cada vez más las compañías y organizaciones empresariales españolas que son conscientes de la importancia de contar con expertos encargados de defender sus intereses corporativos y sectoriales ante las administraciones públicas.

2 de marzo de 2016

Triada Comunicación presenta su nueva imagen

Cuando se cumplen 13 años desde su fundación, la consultora Triada Comunicación y Relaciones Públicas renueva completamente su imagen corporativa, así como su página web, al mismo tiempo que amplía los servicios que ofrece a sus clientes creando el área de Comunicación Audiovisual y Online.

Para Juan Marcos Vallejo, fundador y director general de la agencia, el cambio de imagen corporativa “responde a la necesidad de que nuestra imagen estuviera en consonancia con los servicios que ofrecemos, que se basan en dar respuesta a las necesidades reales de nuestros clientes en un campo como es la comunicación donde cada vez más es imprescindible estar al día y tener una aproximación estratégica a las mismas, para poder ofrecer a las empresas y organizaciones que confían en nosotros resultados tangibles”, para señalar a continuación que “la ampliación de la oferta de servicios responde precisamente a esa filosofía”.

La nueva imagen corporativa es el resultado de un proceso de varias semanas en las que el conocido diseñador e ilustrador, Juan Ramón Alonso, ha querido plasmar no solo la trayectoria y el perfil de la consultora, sino también los objetivos de la misma y por supuesto la opinión del equipo directivo. Para Alonso, la nueva imagen “refleja en su diseño y colores las cualidades de Triada Comunicación, es decir, responsabilidad, equilibrio, innovación y energía, al mismo tiempo que simboliza una proyección hacia el futuro que deja la  huella de un trabajo bien hecho”.

Juan Ramón Alonso, profesor de Dibujo por la Facultad de Bellas Artes de San Fernando, tiene una dilatada vida profesional en la que ha trabajado para diferentes publicaciones como El País, Vogue o Telva, además de ser ilustrador para diversas editoriales y ha expuesto sus trabajos en exposiciones celebradas en Madrid, Barcelona, París, Roma o los pabellones de España y Madrid en la Exposición Universal de Shanghai 2010 en China. En 1994 y 2008 fue finalista del Premio Nacional de Ilustración.

Esta nueva imagen y mejora de los servicios de Triada Comunicación, suponen una apuesta renovada por la comunicación estratégica y las relaciones públicas de la consultora.