"La educación es al hombre lo que el molde al barro: le da forma"
Jaime BALMES. Filósofo, presbítero y escritor español. (1810-1848)

27 de febrero de 2017

El protocolo, el gran olvidado de la comunicación política

El protocolo, esa disciplina esencial de costumbres, historia y normas que regula la disposición, tratamiento y ordenación de todos los elementos y actores de la vida social y política, está prácticamente ausente cuando no olvidado, de los contenidos formativos de seminarios, cursos, talleres, postgrados, etc. relativos a la comunicación política, asuntos públicos o lobby, con lo que esto supone de déficit formativo para los alumnos que asisten a los mismos.

Y esto es realmente grave, pues nos encontramos así con profesionales de la comunicación política, asesores y a los propios políticos con un importante desconocimiento en todo lo relativo al protocolo, en un campo donde a través de éste se transmiten mensajes de gran transcendencia, pues el protocolo y la política han ido siempre estrechamente unidos, desde los más importantes actos políticos como puede ser la Proclamación del Rey o la toma de posesión del Presidente del Gobierno, hasta la del más humilde alcalde, pasando por la inauguración de una escuela, la celebración de un acto público, la reunión con líderes ciudadanos, etc.

El protocolo es la liturgia del poder, por lo que no se entiende que esté relegado, cuando no ausente del currículo de centros universitarios o de los programas de formación de consultoras especializadas en comunicación política, toda vez que los alumnos y asistentes a dichos cursos o másteres deberán desarrollar en mayor o menor medida su actividad profesional en un ámbito donde el protocolo será necesario, sino imprescindible, ya que permite al político y su equipo de asesores conocer el lugar que le corresponde en un acto, situarse adecuadamente en una “foto de familia”, saber en qué orden intervenir a la hora de pronunciar un discurso, comprender como hay que recibir o despedir a una autoridad o la colocación correcta de banderas.

Con una formación adecuada en protocolo, evitaremos encontrarnos a políticos y miembros de sus equipos que no saben cómo dirigirse a una determinada autoridad, persona, institución u organización, que cometen errores en la preparación y organización de un acto, que no saben cómo vestirse para un determinado evento o reunión, o que desconocen todo lo relacionado con el funcionamiento de las diferentes instituciones del Estado y su historia, costumbres y ceremonial. Que ignoran lo relacionado con las precedencias, los símbolos y los tratamientos honoríficos, por no mencionar el protocolo en la Constitución de 1978, el protocolo con la Familia Real, el relacionado con los tres poderes del Estado o el protocolo en comunidades autónomas y ayuntamientos.

La actividad política exige cada vez más contar con una preparación adecuada que pasa, aunque algunos no lo vean, por conocer todo lo relativo al protocolo si se pretende que las relaciones políticas e institucionales sean fluidas y correctas. La formación multidisciplinar en comunicación política exige contar con el protocolo para que ésta sea completa y dé a los alumnos de estos cursos un valor estratégico y diferencial superior al que ahora tienen.

CharlesMaurice de Talleyrand, político y diplomático francés que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, dijo en una ocasión que “sólo los tontos se burlan del protocolo. Simplifica la vida”, frase que actualizada a día de hoy y referida a la comunicación política vendría a decir que sólo los tontos ignoran el protocolo y no lo estudian, perdiendo de este modo la oportunidad de poner en valor su actividad profesional y de posicionarse estratégicamente frente a sus adversarios políticos.

2 de enero de 2017

El periodismo, una profesión peligrosa en 2016

En el año que acaba de terminar, el periodismo volvió a ser desgraciadamente una profesión de alto riesgo, mortal en al menos 93 casos a juzgar por los datos dados a conocer por la Federación Internacional de Periodistas (FIP), cuyas estadísticas señalan que en 2016 esos fueron los periodistas y profesionales asesinados por llevar a cabo actividades relacionadas con su profesión, si bien es cierto que estos mismos datos negativos han disminuido con respecto a otros años.

En concreto, las cifras dadas a conocer por la FIP, la mayor organización de periodistas del mundo con cerca de 600.000 miembros pertenecientes a 140 países, indican que el año pasado los niveles de violencia hacia los profesionales de la información fueron muy altos en Afganistán, Guatemala, Irak, México, Yemen, India, Pakistán y Siria, si bien disminuyó el ensañamiento con la profesión periodística en Honduras, Libia, Filipinas y Sudán del Sur.

Según los datos de esta organización, el mundo árabe y Oriente Medio tienen el mayor número de periodistas asesinados con 30, seguidos por Asia-Pacífico con 28, Hispanoamérica con 24, África con 8 y Europa con 3.

Igualmente se han incrementado las amenazas, la intimidación y la autocensura ante el ejercicio de la libertad de expresión con el objetivo de acallar las voces que denuncian la violación de los derechos humanos, la vulneración de las leyes de guerra, genocidios, abusos de poder o corrupción, situaciones en las que el periodismo ejerce una función vital como único testigo con posibilidades de denunciarlas, lo que supone que los profesionales de la información se convierten en objetivo a eliminar o silenciar por todos aquellos poderes políticos y económicos que quieren imponer sus intereses conculcando los derechos y libertades de los ciudadanos.

En este sentido, Philippe Leruth, presidente de la FIP, señaló en la presentación del informe que “estos niveles de violencia con los medios de comunicación deberían estimular la acción de todos aquellos comprometidos con la protección de los periodistas. La FIP y sus afiliados en todo el mundo redoblarán sus esfuerzos para movilizarse para eliminar la sombra de la violencia sobre el periodismo”.

Una vez más, con los asesinatos, presiones y amenazas sobre periodistas y medios de comunicación, se demuestra el papel esencial que juegan éstos como testigos incómodos de poderes nocivos y corruptos que desean acabar con cualquiera que pueda denunciar sus perversas actuaciones. Sólo una prensa libre y un verdadero profesional de la información pueden desde la independencia mantenerse fieles a la verdad, denunciar cualquier abuso, garantizar el pluralismo y fiscalizar a gobiernos y poderes políticos y económicos, sirviendo a los intereses de la sociedad y de la democracia, informando y creando opinión entre los ciudadanos libres y permitiendo como dijo el periodista norteamericano Edward R. Murrow "el derecho a disentir -o, si lo prefieren, el derecho a equivocarse- que es sin duda fundamental para la existencia de una sociedad democrática. Es el primer derecho que ha desaparecido en todas las naciones que se han encaminado hacia el totalitarismo".

24 de abril de 2016

Por la regulación del lobby

Cuando en el siglo XVII en la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico comenzó a conformarse lo que con el paso del tiempo pasaría a denominarse “lobby”, nacía una forma de relaciones con la Administración gracias a la cual empresas, patronales y organizaciones sociales de toda índole pueden conseguir políticas favorables a sus legítimos intereses, a través de un acceso directo a los representantes de las administraciones públicas y del poder político, al mismo tiempo que participar en procesos legislativos y administrativos.

Esta actividad totalmente licita y útil en las democracias avanzadas, es en los países de nuestro entorno una actividad empresarial cada vez más implantada que permite a las compañías, organizaciones empresariales y colectivos sociales, formular propuestas de interés colectivo sectorial a los poderes ejecutivo y legislativo de una manera regulada.

Así, por ejemplo, mientras en Europa o Estados Unidos el lobby está sólidamente implantado y ejercido por profesionales especializados en comunicación política o empresarial y donde en Bruselas hay al menos 30.000 profesionales del lobby registrados, en España poco más de un tercio de las empresas del IBEX 35 cuentan con este tipo de profesionales destacados en la capital del UE.

Eso por no hablar de la práctica inexistencia de regulación de lobby en nuestro país, donde cada vez es más imperiosa la necesidad de articular y regular su funcionamiento pues las normas nacionales, pero especialmente las europeas atañen cada vez más a todos los aspectos de las empresas nacionales y multinacionales de sectores tan diversos como el químico, farmacéutico, tecnológico, de la información, agrícola, zoosanitario, de transportes o energético.

Por todo ello es preciso que hoy mejor que mañana, el Parlamento regule su funcionamiento para que tanto las empresas como los ciudadanos puedan conocer con luz y taquígrafos las decisiones que les afectan, así como a las personas que influyen en los legisladores a la hora de la elaboración de las leyes por las que luego nos regiremos.

Todo lo que no sea apostar por la claridad, la información y la transparencia contribuirá a debilitar la credibilidad de los ciudadanos en las instituciones democráticas y en sus representantes, por lo que es muy positivo que organismos como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), haya puesto en marcha un registro voluntario a nivel nacional para que los ciudadanos sepan la relación que tienen los lobbies o grupos de presión con la Comisión.

Igualmente y a la espera de una legislación a nivel nacional, algunas comunidades autónomas como Cataluña, Madrid, Castilla-La Mancha o Aragón ya están moviéndose para establecer unos primeros registros voluntarios para que todos aquellos lobbies y profesionales de las mismas puedan inscribirse, pues son cada vez más las compañías y organizaciones empresariales españolas que son conscientes de la importancia de contar con expertos encargados de defender sus intereses corporativos y sectoriales ante las administraciones públicas.

2 de marzo de 2016

Triada Comunicación presenta su nueva imagen

Cuando se cumplen 13 años desde su fundación, la consultora Triada Comunicación y Relaciones Públicas renueva completamente su imagen corporativa, así como su página web, al mismo tiempo que amplía los servicios que ofrece a sus clientes creando el área de Comunicación Audiovisual y Online.

Para Juan Marcos Vallejo, fundador y director general de la agencia, el cambio de imagen corporativa “responde a la necesidad de que nuestra imagen estuviera en consonancia con los servicios que ofrecemos, que se basan en dar respuesta a las necesidades reales de nuestros clientes en un campo como es la comunicación donde cada vez más es imprescindible estar al día y tener una aproximación estratégica a las mismas, para poder ofrecer a las empresas y organizaciones que confían en nosotros resultados tangibles”, para señalar a continuación que “la ampliación de la oferta de servicios responde precisamente a esa filosofía”.

La nueva imagen corporativa es el resultado de un proceso de varias semanas en las que el conocido diseñador e ilustrador, Juan Ramón Alonso, ha querido plasmar no solo la trayectoria y el perfil de la consultora, sino también los objetivos de la misma y por supuesto la opinión del equipo directivo. Para Alonso, la nueva imagen “refleja en su diseño y colores las cualidades de Triada Comunicación, es decir, responsabilidad, equilibrio, innovación y energía, al mismo tiempo que simboliza una proyección hacia el futuro que deja la  huella de un trabajo bien hecho”.

Juan Ramón Alonso, profesor de Dibujo por la Facultad de Bellas Artes de San Fernando, tiene una dilatada vida profesional en la que ha trabajado para diferentes publicaciones como El País, Vogue o Telva, además de ser ilustrador para diversas editoriales y ha expuesto sus trabajos en exposiciones celebradas en Madrid, Barcelona, París, Roma o los pabellones de España y Madrid en la Exposición Universal de Shanghai 2010 en China. En 1994 y 2008 fue finalista del Premio Nacional de Ilustración.

Esta nueva imagen y mejora de los servicios de Triada Comunicación, suponen una apuesta renovada por la comunicación estratégica y las relaciones públicas de la consultora. 

25 de diciembre de 2015

El importante significado de los símbolos


Si en general los símbolos son valiosos, en la Monarquía tienen una extraordinaria importancia, pues en este sistema político tienen un fuerte significado histórico y político, tal y como quedó demostrado en el último mensaje navideño de Su Majestad Felipe VI, pronunciado desde el Salón del Trono del Palacio Real.

En este mensaje, fue tan importante el continente como el contenido, pues el escenario no podía ser más adecuado para la intención del monarca de trasladar a sus compatriotas las ideas que deseaba exponer. Nada más acertado para expresar la importancia de la Monarquía Parlamentaria como elemento esencial de la Nación, de su unidad nacional, de su permanencia e integridad territorial, que hacerlo desde el edificio que en sí mismo es la representación de la Corona y por ende de España, de la historia en la que los españoles a lo largo de los siglos han sido protagonistas. El lugar donde “la Corona celebra los actos de Estado en los que queremos expresar, con la mayor dignidad y solemnidad, la grandeza de España”.

En su discurso, los mensajes fueron una continua referencia a proteger lo que tenemos, a respetar el orden constitucional tan valioso en los últimos cuarenta años a “asegurar lo conseguido y adecuar el progreso a la realidad”, preservando la unidad nacional frente al desafío secesionista y promoviendo el entendimiento entre los partidos políticos ya que “ahora, lo que debe importar a todos, ante todo, es España y el interés general de los españoles”, sobre todo tras el resultado de las elecciones del pasado 20 de diciembre.

Para Su Majestad, los responsables políticos deberán ejercer una “política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso”, pues los españoles “no debemos olvidar que la ruptura de la Ley, la imposición de una idea o de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles, solo nos ha conducido en nuestra historia a la decadencia, al empobrecimiento y al aislamiento”.

Palabras que cobran un extraordinario valor en unos momentos en los que el independentismo catalán vulnera la Constitución y ataca la unidad nacional, mientras surgen partidos populistas que bajo una apariencia democrática, de interés social y de renovación de las formas de hacer política, esconden ideologías de corte totalitario con la intención de implantar el derecho de autodeterminación o abrir un incierto, peligroso e innecesario proceso constituyente.

Por lo demás, la presencia de la bandera nacional tras Su Majestad, reforzaba la base de su mensaje, lo mismo que el correcto movimiento de las manos que acompañaban sus palabras junto con una vestimenta adecuada, mientras la perfecta realización de TVE evitó que el espectador pudiera distraerse.

En definitiva, una intervención que contribuyó a potenciar la estricta neutralidad política de la Corona, la figura del Rey como moderador de la vida pública nacional, como garante y protector que es de la Constitución, de la unidad de España y de los intereses de los españoles, a la vez que se demostró de nuevo el importante significado de los símbolos.