29 de mayo de 2012

Respeto por los símbolos nacionales

El pasado viernes se volvió a repetir en el Estadio Vicente Calderón, el bochornoso espectáculo de la pitada al Himno Nacional y al Príncipe por ser ambos, junto con la Bandera Nacional una representación de los principales símbolos de la nación española, convertida en el imaginario de muchos de los allí presentes, en sujeto de todos sus males.

Un acto grave que, azuzado y animado días antes por irresponsables representantes políticos de los ciudadanos, debería avergonzarnos a todos como habitantes de un país libre y democrático, pues algo debe estar haciéndose muy mal para que desde instancias políticas y deportivas se anime a abuchear y pitar a los símbolos de todos so pretexto de la libertad de expresión, por más que se intente quitar importancia a lo acaecido y nadie desde entidad alguna haya pedido todavía perdón por ello.

Hay un miedo generalizado a la defensa de los símbolos nacionales, tanto por parte de la clase política, como de la intelectualidad y de los ciudadanos en general, consecuencia en gran parte del pánico a la pérdida de imagen política, del desconocimiento de nuestra historia y de cierto complejo  de inferioridad. Todo ello disfrazado de modernidad y de un relativismo cada vez más peligroso.

Los símbolos, como representación que son de unos ideales, de una cultura, de una tradición y de un país, son sujetos que merecen toda nuestra consideración y por tanto, deben ser tratados con el máximo respeto pues su ofensa hiere la dignidad de personas e instituciones.

No se entiende que los mismos que silbaron y abuchearon al Himno Nacional en la final de la Copa de Su Majestad el Rey, exijan luego el máximo respeto a sus signos y símbolos regionales, demostrando con su comportamiento su total falta de respeto al prójimo, su mala educación y su incapacidad para vivir en una nación democrática, moderna y civilizada como es España.

30 de abril de 2012

El talón de Aquiles del Gobierno


No descubrimos nada nuevo si decimos que históricamente en la España democrática, la derecha y más concretamente el Partido Popular nunca han comunicado bien, o para ser más claros, siempre han comunicado mal, muy mal. Lo han hecho antes y después de llegar al Gobierno. No hay más que recordar el “Prestige” por poner un ejemplo. Nada que ver con el manejo de la comunicación y de la propaganda que por su parte siempre ha dominado la izquierda y más concretamente el PSOE.

En descargo del partido de la gaviota y de la diestra política nacional en general, hay que decir que es verdad que en nuestro país la izquierda goza de bula para actuar en determinados ámbitos sin que nadie se rasgue las vestiduras, para mantener algunos postulados ideológicos rancios, además de gozar de una pretendida superioridad moral de la que en realidad carece. Maquillaje que sin duda le da una imagen mucho más acorde con el producto que intenta vender a los ciudadanos.

Por ello, no deja de sorprender a los que nos dedicamos a la comunicación, lo escasitos de luces que en este terreno tan sensible hoy en día, están los líderes de la derecha española y en concreto del Gobierno popular. La comunicación del señor Rajoy y del equipo gubernamental en su conjunto, es manifiestamente mejorable.

Si como parece las medidas económicas tomadas por el Gobierno desde su llegada al poder hace más de cuatro meses son las más importantes, excepcionales y duras desde la llegada de la democracia, no se entiende que todavía el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no haya comparecido públicamente para explicar a los españoles, objetivo directo de las medidas adoptadas por su Ejecutivo, la verdad de la situación que atravesamos por dura que sea.

No se entiende que desde que llegó a la Moncloa el actual Ejecutivo, la información y las explicaciones a los ciudadanos han sido más bien escasas en número y parcas en contenido cuando éstas se han producido. La estrategia de comunicación basada en el silencio no es precisamente la más acertada, por cuanto supone entre otras cosas, un mayor desgaste del Gobierno y de Rajoy ante los españoles, le hayan votado o no.

¿A qué está esperando para en un lenguaje sencillo, claro y cercano a la realidad cotidiana de sus compatriotas, explicar cómo se encontró el país cuando asumió el poder? ¿Por qué no explica las razones que le han llevado a tomar medidas tan duras y contrarias a lo prometido en campaña electoral? ¿Por qué no explica que pasaría si éstas no se tomaran? Cuestiones todas ellas que es necesario que Rajoy en persona y no un ministro, explique hoy mejor que mañana, y si además incluye un mensaje claro y firme de confianza y de esperanza en el futuro, miel sobre hojuelas.

Así, el Gobierno de la Nación y el partido que lo sostiene, frenarían el deterioro de credibilidad que sufren y la desconfianza que hacia ellos comienza a sentir el español medio, sumido en un mar de ajustes por las malas noticias económicas y políticas y un horizonte que se presenta plagado de incertidumbre.

Si comunicar para el Gobierno es esencial en cualquier momento, en esta situación de crisis por la que atraviesa España, se convierte en una obligación y una demostración de responsabilidad del señor Rajoy y sus ministros hacia los ciudadanos, pero parece que la comunicación seguirá siendo el talón de Aquiles del Gobierno del PP.

4 de marzo de 2012

Urdangarín y su acertado cambio de estrategia


Hace ahora exactamente una semana que terminaba la declaración ante el juez de Iñaki Urdangarín como imputado por el “caso Nóos”. Una declaración convertida en circo por algunos periodistas y medios sensacionalistas que aprovecharon hasta la saciedad, las equivocadas decisiones que en lo que a comunicación se refiere había tomado el principal protagonista desde que estallara el escándalo.

Transcurridos siete días desde entonces, podemos hacer un análisis de los cambios operados en la gestión de la crisis que tiene al yerno de Su Majestad como principal actor, y en la que su asesor o asesores de comunicación han jugado un papel esencial en esos cambios, lo que viene a demostrar lo importante que es contar con expertos en comunicación para gestionar situaciones de crisis.

Así, en pocos días hemos pasado de ver a Urdangarín corriendo por las calles de Washington huyendo de los periodistas y remitir dos comunicados defensivos e incompletos, a caminar pausadamente hacia los juzgados, dar la cara públicamente, someterse a la “pena del telediario”, detenerse frente a la prensa y hacer una breve declaración.

La estrategia de comunicación puesta en marcha es la correcta para circunstancias como esta donde es preciso hacer frente a la situación, siendo transparente y emitiendo mensajes claros y concisos, todo lo contrario a lo que había hecho hasta entonces Urdangarín.

En este sentido, hay que mencionar su comparecencia ante los periodistas agolpados a la puerta de los juzgados, ante los que hizo una declaración corta pero con frases directas, clasificando los mensajes que deseaba transmitir y haciendo especial hincapié en aquellas palabras clave para sus intereses como inocencia, honor o verdad, y evitando dar pie a cualquier pregunta, para terminar agradeciendo su presencia a los periodistas.

Al mismo tiempo, la imagen transmitida mejoró ostensiblemente. Primero como decíamos antes, hizo a pie los últimos metros del camino tras llegar en un monovolumen al edificio del juzgado. El paso fue firme pero pausado, correctamente vestido y conjuntado sin estridencias ni lujos.

En definitiva, un acertado cambio de estrategia tras la cual sin duda alguna está la mano de un experto en comunicación de crisis, lo que demuestra lo importante que es tener una buena asesoría como principal herramienta a la hora de afrontar momentos críticos que hacen tambalear la imagen y reputación de una entidad o persona.