31 de marzo de 2021

Las fake news o noticias falsas y cómo detectarlas


Las noticias falsas o fake news en inglés, proliferan cada vez más en las redes sociales y en supuestos medios de comunicación, que presumen precisamente de hacer «periodismo» objetivo y veraz, pero que en realidad lo que hacen es engañar, manipular y orientar al ciudadano hacia determinados posicionamientos ideológicos o políticos a los que muchos se ven abocados por ser incapaces de detectar esas noticias falsas fabricadas con claros objetivos de manipulación.

Es importante saber detectar las noticias falsas, poder reconocerlas y, de este modo, evitar contribuir a su difusión fomentando así la desinformación de los ciudadanos, inmersos a su vez en un contexto de «posverdad», es decir, de manipulación de la información, de la realidad en la que las emociones y las creencias personales se destacan sobre los hechos objetivos, dañando de este modo al periodismo de calidad y vulnerando el derecho que tienen los ciudadanos a informarse debidamente en un marco donde se respeten la libertad de información y de expresión.

Uno de los ámbitos donde más se dan las fake news es el de la comunicación política, donde se juega con lo racional y lo emocional. Aquí las noticias falsas dan mayor peso a lo emocional a través de medias verdades o directamente de descaradas mentiras orientadas a crear una idea política que a su vez consolide una base electoral, usando para ello una extraordinaria herramienta como son las redes sociales que por su extrema viralidad y dependiendo del mensaje, servirán para dañar irreparablemente la imagen y reputación de la persona o la organización en cuestión.

Las noticias falsas existen, se divulgan porque precisamente gracias a las redes sociales los ciudadanos se convierten además de en grandes consumidores de información, también en productores, en creadores de noticias muchas veces falsas o que no responden exactamente a una realidad concreta, lo que unido a los algoritmos que emplean las diversas redes sociales permiten distribuir los mensajes segmentados, condicionados y filtrados por relevancia a cada usuario. Ya solo quedará esperar a que de acuerdo con el tipo de información entren en juego los intereses políticos, sociales, económicos o culturales de partidarios y detractores para que gracias a la viralización la mentira alcance dimensión mundial.

Así pues, las fake news están clasificadas en siete tipos, según la organización First Draft, dedicada a evitar la información falsa y engañosa a través de una red mundial de periodistas. A saber: 

1.    Sátira: información que no pretende causar daño o engañar.

2.    Contenido engañoso: información engañosa para inculpar a alguna persona u organización.

3.    Contenido impostor: información cuyas fuentes no son las reales.

4.    Contenido fabricado: información elaborada con datos falsos para engañar y perjudicar a alguna persona u organización.

5.    Contenido falso: información con titulares o imágenes que no se corresponden con el contenido.

6.    Contexto falso: cuando el contenido verdadero se difunde en el marco de un contexto falso. 

7.    Contenido manipulado: información verdadera manipulada para engañar. 

Estos tipos de fake news o noticias falsas son en realidad consecuencia de la práctica de un, llamémosle periodismo, deficiente, partidista y sometido a un poder que tiene como principal misión emitir propaganda desde la provocación y el apasionamiento visceral para conseguir así un objetivo determinado.

Es por ello importante que para no ser utilizados o convertirnos en víctimas de las noticias falsas, debamos conocer algunas características que suelen tener estas informaciones publicadas en redes sociales y en algunos medios supuestamente serios.

Las fake news suelen llevar habitualmente grandes titulares en mayúsculas para atraer la atención, deberemos también consultar en los buscadores los diferentes enlaces, citas y menciones que pueda tener la información, así como comprobar quién está detrás de la web donde aparece la noticia en cuestión, lo mismo que verificar que las imágenes que aparezcan se correspondan con la información original y no hayan sido incluidas fuera de contexto, buscaremos una fuente alternativa local del lugar donde se produjo la noticia para poder contrastarla y, por último, desconfiaremos de las URLs que aparezcan en la información y nos lleven a webs o portales de medios conocidos.

Por último, debemos tener presente que para evitar ser víctimas de las noticias falsas es de vital importancia ser ciudadanos informados, a ser posible a través de diversas fuentes, aunque no se alineen con nuestros planteamientos ideológicos o valores, porque solo así podremos tener una visión más amplia de la realidad para ser ciudadanos críticos y, por tanto, libres a los que el poder, sea cual sea su naturaleza, le será más difícil engañar y manipular a través de las fake news.

16 de febrero de 2021

No sacralicemos las redes sociales

Las redes sociales está claro que son una herramienta empresarial útil para compañías y organizaciones, especialmente en áreas como el marketing y la comunicación, donde juegan un papel destacado a la hora de posicionar marcas y productos a través de una comunicación multidireccional y establecer un nuevo y ágil canal de comunicación con los públicos objetivos de una empresa y también con la sociedad en general. Es una herramienta que está aquí para quedarse y que bien aprovechada y gestionada puede aportar grandes beneficios desde el punto de vista de la imagen y la reputación.

Pero como todo, también tienen su lado oscuro, entre los que queremos destacar dos. Por un lado, su controvertida fiabilidad como medio de información y, por tanto, como fuente de noticias que debe hacer a personas y empresas analizar y valorar detenidamente las informaciones y noticias que corren por las redes para evitar dar por cierta una noticia que en realidad es falsa.

Esto es una cosa importante a tener en cuenta por las compañías, ya que muchas de ellas tienen un respeto casi reverencial a las redes y a lo que de ellas pueda aparecer en las mismas.

En este sentido y con motivo de la situación política, económica y social que viven muchos países, sobre todo occidentales, están a la orden del día las llamadas fake news o noticias falsas que cada vez más invaden las redes sociales con el objetivo de atacar gobiernos, dañar la imagen de empresas o personas y provocar corrientes de opinión en favor o en contra de determinados intereses. Desde fotos trucadas a vídeomontajes, pasando por noticias de sucesos nunca acaecidos, etc. Todo esto se ha convertido en un lastre para la credibilidad de redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter.

Lo mismo que el papel de censores que han adoptado en los últimos tiempos gran parte de las redes sociales, sobre todo las tres mencionadas anteriormente. Si bien es verdad que son plataformas privadas, no parece lo más democrático y respetuoso con la libertad de expresión y de información de la que presumen sus propietarios, que se arroguen unilateralmente la decisión sobre qué se puede o no publicar en ellas, según su particular y parcial criterio con el pretexto de que «incitan al odio» o son «noticias falsas».

Estos «guardias de la verdad» guiados más por la estupidez de lo políticamente correcto y por determinadas corrientes ideológicas de opinión, deberían saber que, en una democracia, son solo los jueces y los tribunales los que determinan que es un delito y no un particular por muy poderoso y mucho dinero que tenga. Si lo hace, a lo mejor los ciudadanos deberíamos plantearnos el uso de estas plataformas y valorarlas en sus justos términos, siendo conscientes de que están mediatizadas por intereses particulares y económicos.

Esto parece que va calando entre los ciudadanos entre los que crecen las reservas sobre la fiabilidad de las redes sociales, lo mismo que sobre el peligro que suponen para nuestra vida privada sin que muchas veces los ciudadanos seamos consciente de la valiosa información que ofrecemos con la que comercian y se enriquecen obteniendo pingües beneficios.

Prueba de esto son algunos de los datos que se han dado a conocer las últimas semanas a través de una encuesta realizada por la consultora de investigación y comunicación GAD3 y la FundaciónAXA sobre las redes sociales como medio de comunicación, que ha dejado datos significativos.

Así, el 58,8% de los encuestados considera que son el medio que más noticias falsas publica, ya que para los ciudadanos las redes sociales no logran el aprobado en confianza, alcanzando un 4,9 sobre 10 en cuanto a credibilidad, frente a la radio y los periódicos que son los medios de comunicación más fiables, aunque pequen de ingenuos pues piensan que estos medios no difunden falsedades, mientras la televisión se queda en tercer puesto en lo que a fiabilidad se refiere.

Esto en lo que tiene que ver con la invasión de nuestra intimidad y libertad, según el profesor y escritor estadounidense Jonathan Taplin, en su libro «Move fast and break things» (Muévete rápido y rompe cosas), internet y sobre todo las redes sociales se han convertido en un peligro para la libertad de pensamiento, la intimidad, la prensa libre, el comercio y la democracia, como lo pone también de manifiesto un estudio de la Universidad de Cambridge, según el cual, los likes que damos en Facebook o Twitter, las páginas que visitamos o la compras que hacemos, permiten hacer un perfil personal con el 93% de acierto en cuanto a gustos, inclinaciones sexuales, aficiones, religión u orientación política de cada uno de nosotros. Es decir, una información valiosísima para cualquiera, especialmente para empresas y organismos públicos y privados.

Las redes sociales son un medio de comunicación valioso para la sociedad, aunque para la información veraz y la libertad, los ciudadanos debamos manejarnos en ellas con prevención para evitar convertirnos en sus víctimas.

25 de noviembre de 2020

El Gobierno contra el periodismo libre e independiente

En una democracia consolidada como se supone que es la española, el Gobierno y los políticos no pueden, bajo ningún concepto, ser los que decidan lo que se puede o no publicar o sobre qué informar, ya que eso supondría la muerte de la libertad de expresión y de la libertad de prensa, impidiendo el ejercicio del periodismo libre e independiente de los periodistas, fiscalizadores últimos del poder sea cual sea su naturaleza pero siempre desde el respeto a la pluralidad informativa en exclusivo interés de la democracia y de unos ciudadanos libres e iguales.

Decía James Madison, cuarto presidente de los Estados Unidos, que “No hay nada más irracional que dar poder a la gente sin darles a cambio información, porque, sin información, siempre hay abuso de poder”. Y esto, abusar del poder, es lo que muchos profesionales del periodismo y la comunicación sospechan que busca el actual Gobierno de coalición PSOE-Podemos con dos normas que pretenden limitar y controlar la información, el ejercicio del periodismo y restaurar de manera encubierta la censura cuarenta años después de la muerte de Franco.

La primera de ellas, la orden ministerial en la que se publica el Procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional para, según el Gobierno, “evitar la injerencia extranjera en procesos electorales, así como detectar campañas promovidas desde el exterior que puedan dañar los intereses nacionales de nuestro país”, con el objetivo de combatir “la difusión deliberada, a gran escala y sistemática de desinformación, que persigue influir en la sociedad con fines interesados y espurios”, usando como excusa el European Democracy Action Plan de la Unión Europea para luchar contra la desinformación y las noticias falsas o fake news.

La segunda norma, es la futura Ley de Enjuiciamiento Criminal que, entre otros controvertidos puntos como el de secuestrar publicaciones de manera cautelar, contempla que será el Gobierno el que regule el acceso a la información sobre los procesos judiciales y establezca las limitaciones para acceder a ella, otorgando a la Fiscalía “un papel de redactor jefe que no le corresponde”, en acertada expresión del presidente de Reporteros Sin Fronteras (RSF), Alfonso Armada, en declaraciones a la edición digital de El Mundo el pasado 19 de noviembre.

Prueba de la inquietud que esto ha provocado en la profesión periodística es que tanto RSF como la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP), han mostrado su preocupación por la futura ley.

Es cierto que hay campañas de desinformación y que las noticias falsas proliferan sobre todo por las redes sociales y que todos, pero especialmente los profesionales del periodismo y la comunicación deben ser los primeros en estar atentos para impedir que se produzcan. Sin embargo, el Gobierno no puede convertirse en juez y parte del problema. No puede investirse de una autoridad que no le corresponde para decidir lo que es verdad o mentira, lo que es información o desinformación, lo que es veraz o es manipulación, porque hacerlo es abrir la puerta al sectarismo y la censura, cuyo último beneficiario es el Gobierno que por su propia naturaleza no es independiente por su mediatización ideológica y por sus intereses de partido.

En una democracia, para verificar si los periodistas o los medios de comunicación cumplen con la ley están los tribunales, nunca el gobierno de turno, porque en una sociedad libre las afirmaciones falsas, manipuladas o tergiversadas son inevitables, solo imponiendo el silencio informativo se pueden erradicar y esto solo ocurre en las dictaduras donde la prensa libre no existe.

La desinformación y las noticias falsas se combaten con más información y transparencia por parte de los poderes públicos, por ejemplo no cerrando el Portal de Transparencia como hizo el Gobierno, para que haya más debate y más espíritu crítico en la sociedad, porque estas leyes que el Gobierno quiere aplicar bajo la excusa de que son para protegernos de las mentiras, no son más que normas que amenazan nuestra libertad de información y de expresión para imponernos, cual dictadura, “su verdad” y el pensamiento único.


10 de junio de 2020

“Personal PR”, el servicio de Triada Comunicación para la recuperación de la imagen, la reputación y la credibilidad personal dañada


En estos últimos años la creciente crispación política, la situación económica y la cada vez mayor polarización de nuestra sociedad en los más diversos ámbitos, especialmente en el político y empresarial, ha supuesto para algunas personas que han ocupado puestos de responsabilidad una excesiva exposición pública consecuencia de su implicación en crisis o en situaciones supuestamente irregulares, lo que ha llevado aparejado el cuestionamiento de su honestidad profesional y personal con lo que eso ha significado de grave daño a su imagen, su reputación y su credibilidad, impidiéndoles en mayor o menor medida recuperar la normalidad en todos los ámbitos de su vida.

Con el objetivo de ayudar a estas personas a reparar esa imagen, reputación, credibilidad y reforzar su autoestima, Triada Comunicación creó en 2013 el servicio “Personal PR” dirigido a responsables políticos e institucionales, altos ejecutivos y empresarios que puedan verse involucrados en crisis consecuencia de supuestas malas prácticas profesionales, sanciones empresariales, intervenciones estatales, etc.

Este es un servicio específicamente diseñado y personalizado para el interesado que está orientado a ayudarle a gestionar las crisis, al mismo tiempo que implementa estrategias de comunicación personal, gestión del estrés o comunicación emocional, todo ello a través del diseño de herramientas orientadas a la gestión de sus capacidades y habilidades por medio de talleres de coaching personal, siempre desde la más absoluta discreción y confidencialidad.

Un servicio que ha demostrado su utilidad desde su puesta en marcha contribuyendo a que los interesados puedan recuperarse de situaciones injustas que han dañado su vida profesional y personal, especialmente si tenían proyección pública.

29 de abril de 2020

Recomendaciones para la organización de eventos corporativos en tiempos del COVID-19

El Gobierno acaba de aprobar en el Consejo de Ministros, el Plan de Desescalada para abandonar el Estado de Alarma y el confinamiento en que el estamos los españoles desde el pasado 11 de marzo consecuencia de la epidemia por el coronavirus COVID-19.

La aplicación del mencionado Plan de Desescalada será gradual y contempla las siguientes fases:

> Fase 0: es una fase preparatoria que sumada a las medidas ya adoptadas sobre salida de menores y de personas mayores y adultos para pasear y hacer deporte de manera individual, permitirá la apertura de pequeños comercios, restaurantes para vender comida, etc.

> Fase 1: en esta fase se permitirá la apertura parcial de lugares con cita previa, actividades deportivas con limitación del número de personas y la apertura de alojamientos turísticos con restricción de uso de las zonas comunes, entre otras actividades. 

> Fase 2: esta fase permitirá la apertura de restaurantes con servicios de mesa y terrazas, pero con limitaciones de aforo, alojamientos turísticos, grandes superficies comerciales, etc.

> Fase 3: en esta última fase se prevé la apertura de todas las actividades, con las oportunas medidas de seguridad y distancia y con limitación de aforo en bares, discotecas, museos, cines, teatros y otros espectáculos y actividades culturales y sociales, pero siempre con asistencia limitada. Todo ello a partir de la última semana de junio.

Pues bien, a partir de esa fecha, pero sobre todo tras el verano, muchas empresas y entidades que como consecuencia de la declaración del Estado de Alarma por la epidemia de COVID-19 han tenido que cancelar o aplazar la organización de actos empresariales e institucionales que tenían previstos para estas semanas, se plantearán la oportunidad de celebrar esos actos corporativos.

Por eso, desde Triada Comunicación queremos ofrecer unas breves recomendaciones que con carácter general permitan en la medida de lo posible, celebrar los actos planeados organizándolos de la manera más segura posible para todos los asistentes, al mismo tiempo que se mantienen los aspectos sustanciales de organización y protocolo que deben acompañar a todo evento empresarial.

En este sentido, son conocidas las vías de transmisión del COVID-19, en concreto a través de las microgotas que una persona expulsa al hablar, toser o estornudar en distancias inferiores a metro y medio o dos metros, al tocar con las manos superficies contaminadas como pueden ser las manos de una personas, bolígrafos, sillas, mesas o teléfonos.

Por ello, hasta que se consiga un tratamiento adecuado o una vacuna contra el COVID-19, será necesario mantener una distancia social de seguridad y tener las medidas higiénico-sanitarias precisas como son lavarse las manos con frecuencia, usar guantes o mascarillas, aunque estas últimas se recomiendan sobre todo para las personas con síntomas o infección por coronavirus y para aquellas que las atienden.

En consecuencia, de acuerdo con estos datos e informaciones creemos oportuno ofrecer estos consejos a tener en cuenta a la hora de organizar un evento:

- En el lugar donde vaya a celebrarse el acto, colocar carteles informativos recordando la necesidad de mantener la distancia de seguridad entre personas y evitar cualquier saludo que suponga contacto físico. 

- Proporcionar guantes de protección a los asistentes.

- Disponer de un servicio de recogida de los guantes de protección una vez usados.

- Evitar disponer de identificadores personales.

- Evitar objetos de merchandising o publicitarios y en caso de hacerlo deberán estar desinfectados y    empaquetados.

- Disponer de dispensadores de gel antiséptico distribuidos estratégicamente por todo el recinto donde vaya a celebrarse el evento.

- Limpieza y desinfección de los micrófonos que vayan a utilizarse, especialmente los de mano,  cubriendo la espuma quitavientos con film tanto en los de mano como en los de solapa. Se  desaconseja el uso de los de diadema.

- Limpiar y desinfectar el espacio donde vaya a celebrarse el acto (recepción, auditorio, escenario,      atril, sillas, mesas, etc.) antes y después del evento.

- Elegir si es posible y el tiempo lo permite, un lugar al aire libre, con ventilación natural o                  climatización independiente.

- Tener personal formado en medidas higiénico-sanitarias de prevención para atender cualquier duda  de los asistentes.

- Crear una atmósfera que incremente el bienestar de los asistentes mostrando especial atención a los colores, los olores, las flores o plantas, la decoración, etc.

- Diseño de cartelería y señalética específica.

- En caso de que se ofrezca catering, que sea lo más saludable posible, prescindiendo de las bebidas  azucaradas, el alcohol, los fritos o la pastelería industrial.

- Evitar la entrega de material informativo en mano, ya que el COVID-19 resiste en plástico y papel    cinco días y en cartón un día.

- Evitar la realización de fotos de familia o aquellas que obliguen a saltarse la distancia social de metro y medio o dos metros.

- En el auditorio mantener la separación de una silla o butaca entre personas y alternativamente, es decir, que nadie tenga a otra persona justo detrás o delante.

Con estas y otras medidas que se podrán adoptar, esperamos contribuir a que el evento corporativo que se celebre bajo estas circunstancias excepcionales del COVID-19, tenga las mayores garantías higiénico-sanitarias y sea todo un éxito.