"EL AMOR A LA LIBERTAD ES AMOR AL PRÓJIMO; EL AMOR AL PODER ES AMOR A SÍ MISMO".
William Hazlitt. Escritor inglés. (1778-1830)

13 de diciembre de 2019

La libertad de prensa en el mundo en 2019


A pocos días de cerrar el año 2019, la Federación Internacional de Periodistas(FIP), hizo balance de la situación de la profesión periodística y la libertad de prensa e información en los últimos doce meses en todo el mundo.

El primer dato que nos llama la atención es que por primera vez en los últimos veinte años ha bajado el número de periodistas asesinados, alcanzando de todos modos la escalofriante cifra de 49 profesionales que perdieron su vida mientras cumplían con su labor de informar.

Para Younes Mjahed, presidente de la FIP, “a pesar de que el número de asesinatos ha disminuido, amenazas, encarcelamientos, acoso, censura y autocensura, así como el uso de medidas legales administrativas siguen socavando la libertad de los medios de comunicación y los derechos humanos en todo el mundo.”

En concreto, el informe anual presentado por la federación internacional señala que los 49 periodistas asesinados se produjeron en 18 países, comenzando por Iberoamérica, donde México con 10 muertos está a la cabeza. Siguen por áreas geográficas, Asia con 12 asesinatos, África con 9, el mundo árabe con 8 y Europa con 2.

Entre las causas que han provocado la bajada en el número de periodistas asesinados están la desaparición de los terroristas del Estado Islámico en Siria e Irak y la renuncia de los profesionales a acudir a zonas en conflicto y muy peligrosas para los periodistas como Yemen.

Igualmente hay que mencionar que durante el año que ahora termina se ha producido un aumento en el bloqueo de medios de comunicación e internet, lo que sin duda supone una clara violación de los derechos de los ciudadanos para acceder libremente a la información.

En concreto han sido 30 países, especialmente asiáticos y africanos, los que violaron el derecho a la libre información, encabezando este triste ranking Egipto con más de 34.000 webs bloqueadas e India con 72 cierres, seguidos por Turquía, Myanmar, Indonesia, Pakistán, Sri Lanka, Irán, Uzbekistán, Kazajstán, Sudán y Somalia, mientras en Europa los países que han bloqueado o suspendido el acceso a diferentes medios de comunicación han sido Rusia, Ucrania, Bélgica, Hungría y Bulgaria.

Al otro lado del Atlántico, la lista la encabeza Venezuela seguida por los países centroamericanos de Guatemala y Honduras.

La Federación Internacional de Periodistas es la mayor organización de periodistas a nivel mundial, representando a más de 600.000 profesionales de todo el mundo en 187 sindicatos, federaciones y asociaciones de más de 140 países.

28 de octubre de 2019

La primera bandera constitucional de España


Las banderas y escudos nacionales son símbolos que exigen además de un profundo respeto, una reglamentación que regule su uso de acuerdo con la normativa de cada Estado. En el caso de España la Constitución de 1978 sólo hace referencia a la bandera en el Título Preliminar, donde en su Artículo 4.1 establece que “La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”. Ya está. No hay más referencia en el texto constitucional a la bandera y mucho menos al escudo nacional. El uso de la bandera de España y el de las demás banderas y enseñas está regulado por la Ley 39/1981, de 28 de octubre.

Estos últimos días con motivo de la exhumación de los restos mortales de Franco de su tumba del Valle de los Caídos, hemos vuelto a ver como se calificaba a la bandera de España con el águila de San Juan como bandera “preconstitucional”, calificativo erróneo que a fuerza de repetirlo periodistas, responsables políticos y tertulianos han hecho de este error una verdad incontestable sustentada únicamente por la ideología, la intencionalidad y la corrección política.

La bandera con el águila de San Juan vigente desde 1938 y sobre la cual los padres constituyentes no acordaron nada a favor ni en contra, pasó a ser una enseña plenamente constitucional en el momento de la publicación en el BOE de la Constitución, concretamente el 29 de diciembre de 1978. Ningún poder o institución del Estado puso objeción alguna a su permanencia. Es más, en el ejemplar original de la Constitución firmado por el Rey y los presidentes de las Cortes, el Congreso, el Senado y el Gobierno figura en la portada impresa el águila de San Juan. Por lógica, la Constitución no podría lucir símbolo alguno que fuera preconstitucional y mucho menos inconstitucional.

La bandera con el escudo de los Reyes Católicos utilizado con ligeras modificaciones por el régimen franquista siguió vigente los tres primeros años de vida de la Constitución, hasta que en las Cortes partidos interesados en romper con todo lo relacionado con el régimen anterior optaron por presentar un modelo basado en el ideado por el Gobierno Provisional de 1868, que a su vez estuvo inspirado en el que usó José Bonaparte durante su breve reinado como José I.

Fue la Ley 33/1981, de 5 de octubre la que derogó el escudo del águila de San Juan hasta entonces en uso y estableció el actual escudo. Posteriormente fue desarrollada por el Real Decreto 2964/1981, de 18 de diciembre que definió el modelo oficial del mismo y por el Real Decreto 2267/1982, de 15 de diciembre que especificó técnicamente los colores del Escudo del Reino de España de acuerdo con las recomendaciones del Instituto Español de Normalización, del Servicio de Normalización Militar y los colores especificados en el sistema internacional CIELAB.

Por tanto, admitir los calificativos de “preconstitucional”, “anticonstitucional” o “inconstitucional” aplicados a la bandera con el escudo del águila de San Juan, es absurdo, ilógico, contradictorio, carente de sentido y hasta de ilegal ya que ese escudo está no solo en el ejemplar original de la Carta Magna, sino que además durante tres años lució en la bandera de España que ondeaba en todos los edificios públicos del Estado, en los despachos oficiales, en los acuartelamientos donde además los soldados besaban esa bandera al jurar fidelidad al Rey y a la Constitución, en los buques de la Armada, en las aeronaves, en las embajadas y consulados, presente en las tomas de posesión de todos los cargos oficiales, en las sentencias y resoluciones de los tribunales de justicia, Tribunal Constitucional incluido, impreso en toda la papelería oficial y en documentos de Estado, acuerdos y tratados internacionales, etc. Habría sido absurdo que el Estado usara como escudo que lo identificara uno que no fuera legal y plenamente constitucional.

La bandera con el águila de San Juan fue por tanto durante tres años la bandera constitucional de España. Fue la primera a pesar de que por motivaciones políticas e ideológicas ahora se mantenga lo contrario.

30 de septiembre de 2019

Comunicar innovación


Es evidente para todos los que se dedican a la comunicación corporativa, que cualquier sector, cualquier empresa es un mundo que requiere de una comunicación personalizada, adaptada a su ámbito de actuación, a sus intereses y a sus necesidades si se quieren conseguir los objetivos propuestos.

Pero hay además una actividad dentro del mundo empresarial que requiere de una comunicación específica concreta, propia. Nos referimos a la innovación, a la labor que realiza una compañía, para crear algo nuevo o mejorar lo ya existente.

Aquí los retos a los que se enfrentan los profesionales de la comunicación pasan en primer lugar y de manera especial por entender y atender al mensaje, muchas veces altamente tecnificado y conseguir traducirlo a un lenguaje que pueda a su vez comprender el ciudadano de a pie de un modo atractivo, rápido y sencillo, para por un lado situar en el escenario mediático y público al cliente y, por otro, ser capaces de trasladar a los ciudadanos la importancia del trabajo que desarrolla en el campo de la innovación, así como el beneficio que aporta tal actividad a la sociedad.

Para ello en primer lugar, es preciso que haya una interlocución abierta, constante y fluida entre el cliente y la agencia, además de conocer lo más posible la materia y la actividad a comunicar. Igualmente hay que tener presentes conceptos clave para posicionar a la compañía, tener claro que la comunicación que se va a transmitir debe ser una simbiosis entre la información facilitada por el cliente, las ideas aportadas por los expertos, por los científicos y por los periodistas especializados en el tema de que se trate.

Igualmente hay que hacer una apuesta decidida por conciliar, lo que muchas veces es un verdadero desafío, conocimiento y ciencia con entretenimiento e información amena, especialmente a la hora de trabajar en las redes sociales y la comunicación online que es instantánea y global, lo que nos obliga a dominar las herramientas digitales diseñando una estrategia específica, yendo más allá de colgar un tuit, un comentario en Facebook o en cualquier otra red que no responda a ningún objetivo concreto establecido de antemano.

Por último y no menos importante, hay que concienciar al cliente de la importancia de ser creativos a la hora de comunicar y de la experiencia en esta área de los expertos en comunicación, ya que desde las agencias se puede aportar mucho por estar especializados en la transmisión de mensajes y por tanto ser expertos en crear sinergias y dar un valor añadido a los departamentos creativos de las empresas en la elaboración de mensajes, construcción de imagen de marca, diseño de materiales impactantes y la organización y celebración de actos que posicionen al cliente como líder y referente a hora de comunicar innovación.

Así, las agencias pueden cumplir de manera adecuada con la labor encomendada por los clientes para comunicar a la sociedad de manera eficaz su actividad en innovación y, por tanto, conseguir que cada vez más los ciudadanos se interesen por la innovación y lo que esta aporta a la mejora de su calidad de vida.

3 de mayo de 2019

Incierto panorama político en España tras el 28-A


Tras las elecciones del pasado domingo el panorama político nacional lejos de definirse se complica, además parece confirmarse el fin, al menos a medio y largo plazo, del bipartidismo en beneficio de un multipartidismo que lejos de contribuir a aclarar el escenario político y social español trae todo lo contrario, es decir, incertidumbre.

Por la izquierda tenemos a un PSOE cada vez más alejado de la socialdemocracia y más cercano a los postulados de la extrema izquierda populista. Un partido socialista que gana unas elecciones generales después de 11 años cuando curiosamente a su líder, Pedro Sánchez, casi todos le habían dado por muerto y enterrado pero que ha resurgido cual ave fénix gracias a los errores del Partido Popular y de Podemos en sus respectivas áreas de actuación, y de una acertada estrategia que ha movilizado a sus votantes y a otros situados a la izquierda del espectro político nacional a los que ha importado más el supuesto peligro del regreso de la extrema derecha, que el acercamiento de Sánchez a los independentista o su visión sobre la unidad nacional o la defensa de la Constitución por mencionar algunos temas controvertidos de su gestión en estos últimos 10 meses.

Un PSOE que a pesar de ganar las elecciones no ha alcanzado el número de escaños necesario para gobernar en solitario con tranquilidad, que tendrá que continuar dependiendo de los independentistas como ya ocurrió tras la moción de censura, lo mismo que de los proetarras, los nacionalistas y sobre todo de la extrema izquierda representada por Podemos, que lógicamente no ofrecerá su apoyo gratuitamente o conformándose con bagatelas, pues de su apoyo a Sánchez depende la continuidad de los morados como partido con influencia y la propia supervivencia política de Pablo Iglesias.

En lo que a la formación morada se refiere, esta ha sufrido desde 2016 un fuerte desgaste de imagen y credibilidad por asuntos como el chalé, sus lazos con la dictadura comunista de Venezuela o su apoyo a la autodeterminación y al referéndum catalán, además de serios problemas internos por el comportamiento cesarista de su líder, lo que ha sido hábilmente rentabilizado por Sánchez para recuperar espacio por la izquierda que se ha traducido en la pérdida de 29 escaños para los de Iglesias, pero esa caída en la representación parlamentaria ha colocado paradójicamente a Podemos en una posición inmejorable para tocar poder. Si Pablo Iglesias negocia acertadamente las próximas semanas podrá situar a sus huestes en el gobierno que se forme.

Mientras en la derecha la lucha por el liderazgo es más encarnizada, consecuencia sobre todo de la aparición en escena de la extrema derecha populista representada por Vox, un partido sin programa real más allá de las consignas pero que ha pegado un buen zarpazo de votos al PP por el enfado de muchos de sus votantes, aunque se ha quedado muy lejos de las previsiones que tenía. Su irrupción no ha servido para ser una formación determinante y sí para disminuir el peso del Partido Popular. Ninguno de los dos tendrá posibilidades de bloqueo ni en el Congreso ni en el Senado en asuntos clave.

Una presencia la de Vox provocada también por la gestión de Mariano Rajoy en asuntos como la corrupción en el partido, la débil y tardía respuesta al independentismo catalán y su equivocada manera de salir del gobierno, donde prefirió entregar éste a Sánchez antes que dimitir y dar paso a otro líder popular lo que habría ahorrado a España los últimos 10 meses de inestabilidad política, dando además al PSOE la ventaja de acudir a unas elecciones instalado en la Moncloa. A todo esto, habría que añadir la actuación de Casado que, si bien no ha tenido tiempo para que sus cambios en el partido den frutos, su intento de rivalizar con Vox por la parte derecha de su electorado ha hecho que muchos votantes cabreados con el PP hayan optado por el original antes que por la copia en las elecciones del domingo. Las consecuencias de todo esto junto con la división del voto que la Ley D’Hondt castiga y mucho, ha llevado al por ahora partido líder de la Oposición a quedarse con solo 66 diputados, su peor resultado electoral. Resultado infame en el que también ha tenido mucho que ver Ciudadanos y su líder, Albert Rivera.

La formación naranja ha “robado” al PP 1,4 millones de votos resultado entre otras cosas de sus ataques al partido de Pablo Casado por su gestión en Cataluña y la corrupción, mientras intenta posicionarse como un partido de centro liberal a pesar de que hasta hace poco se declaraba “socialdemócrata”, a la vez que gobierna en coalición con el PP en Andalucía y el apoyo imprescindible de Vox del que a pesar de todo reniega. Al mismo tiempo Rivera fomenta el transfuguismo a diestra y siniestra lo que sin duda contribuye a su imagen de partido oportunista y sin una ideología definida por más que intente parecer de centro. Todo esto, junto a sus coqueteos con Sánchez en la legislatura pasada, sus posiciones sobre asuntos espinosos para su ala derecha como la eutanasia o la gestación subrogada, provocan dudas en su credibilidad y sus intenciones futuras y pueden ser la causa de que no consigan, aunque estén cerca, de dar el ansiado sorpasso al Partido Popular.

Si Pablo Casado no consigue mejorar los resultados en las elecciones del próximo día 26 de mayo, es muy posible que la formación naranja incremente sus ataques sobre el PP para intentar convertirse en el partido que pueda hacer frente al bloque de izquierdas liderado por el PSOE.

Todo esto ha dado como consecuencia unos resultados electorales en los que lejos de ganar la moderación como algunos defienden, ha ganado el radicalismo de izquierdas representado por el PSOE de Sánchez fuertemente ideologizado, cuyas muletas dentro o fuera del Ejecutivo serán sin duda la ultraizquierda populista del Podemos junto a independentistas como ERC, que ha mejorado sus resultados con respecto a las anteriores elecciones, lo mismo que la izquierda abertzale de Bildu, el PNV y otras formaciones de izquierdas y nacionalistas.

En definitiva, el resultado de las elecciones del pasado 28 de abril provoca una situación de incertidumbre e inestabilidad política que no beneficia al país en ningún sentido. Habrá que estar atentos.

16 de diciembre de 2018

Otro ataque a la libertad de información


La semana pasada la libertad de información en España sufrió un ataque injustificado por parte de un juez de instrucción de la capital balear, al ordenar éste requisar ordenadores y móviles a dos periodistas de la agencia Europa Press y del Diario de Mallorca, todo ello como consecuencia de las investigaciones que se llevan a cabo en el caso Cursach sobre una presunta trama policial y política en negocios de la noche mallorquina.

Esta incautación motivó la presentación ante el Tribunal Superior de Justicia de Baleares de una querella por parte de estos dos medios por los delitos de prevaricación judicial, contra la inviolabilidad del domicilio y contra el ejercicio del derecho al secreto profesional del periodista.

La masiva protesta de los profesionales de los medios de comunicación a este ataque a derechos tan importantes como el de la libertad de información recogido en el artículo 20 de la Constitución, no es corporativismo, sino respuesta a las graves consecuencias que este acto del juez con el injustificable e irresponsable apoyo del fiscal, puede tener para el futuro de esos derechos en la democracia española.

Y todo para investigar unas filtraciones sobre este caso sometido a secreto judicial, cuando ya el Tribunal Constitucional dejó establecido que el periodista no comete ningún delito cuando difunde la información que ha obtenido de una fuente, pues el secreto judicial lo viola quien extrae la información del Juzgado y no el medio de comunicación que la da a conocer. En lugar de vulnerar los derechos fundamentales de unos periodistas, el juez debería investigar de donde vienen esas filtraciones.

Ataques como este son también consecuencia de la debilidad por la que pasa actualmente el periodismo, fruto de su falta de credibilidad y rigor, lo que ha abierto la puerta al morbo y al amarillismo que se imponen en gran parte de los medios, influenciados y sometidos cada vez más al poder político y/o económico, perdiendo así uno de los valores esenciales del periodismo que es la independencia que al mismo tiempo es su fortaleza. Una independencia sólida asumida con convicción y capacidad crítica, que permite informar y opinar de manera veraz y libre.

Por ello, cualquier actuación o planteamiento que intente vigilar o controlar la profesión periodística debe ser combatido con todas las armas del Estado de Derecho. Solo así el periodista podrá informar verazmente y garantizar el pluralismo, al mismo tiempo que recupera su credibilidad profesional supervisora de los grandes poderes como servidor de la democracia y de la sociedad a la que pertenece.